martes, 20 de junio de 2017

Taller Literario nº21 El Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte

Pues sí, que vamos a mojarnos de verdad y tratar de meterle mano a una novela que infunde respeto, y quizá sea así porque su autor se ve cosa seria (gran locución, gran pasado profesional como periodista de acción, talante de caballero…). Hablamos de Arturo Pérez-Reverte. Su obra, El Capitán Alatriste, ha traspasado esas fronteras que poco tienen que ver con Los Pirineos y El Atlántico. Debe ser, quizá, porque es una novela de ficción histórica y su “hispanidad” es más bien entendida como una cruzada medieval (o casi) que puede alinearse a las aventuras de Robin Hood o los mosqueteros, o con contemporáneos de éstos y similares.

Confieso que me detuve un instante. Pensé que sugerir mejoras o hallar “debilidades” a este novelón era demasiado pedir, que iba a quedar en ridículo metiendo con calzador mis caprichadas (lo escribo en latino) y que no valía la pena ni intentarlo. Sin embargo, traicionaría mis principios si empezase a considerar un texto por todo cuanto lo rodea, en lugar de hacerlo por lo que es el texto en sí.

¡Qué diablos! Vamos a intentarlo:


ANÁLISIS INFORMAL DE “EL CAPITÁN ALATRISTE”


ORIGINAL: Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros. En todo esto Diego Alatriste se desempeñaba con holgura.
SUGERIDO: Ahora es fácil criticar eso(,) pero(,) en aquellos tiempos(,) la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros. En todo esto(,) Diego Alatriste se desempeñaba con holgura.

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ORIGINAL: El adversario estaba ocupado largando y parando estocadas con fina esgrima, y de pronto le venía por abajo, a las tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión. Sí. Ya he dicho a vuestras mercedes que eran años duros.
SUGERIDO: El adversario estaba ocupado largando y parando estocadas con fina esgrima (coma eliminada) y(,) de pronto(,) le venía por abajo, a las tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión. Sí (punto eliminado, sustituido por coma), ya he dicho a vuestras mercedes que eran años duros.
Nota: Creo que, en narrativa, la información que transmite un “sí” debe ser ampliada de forma inmediata.

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ORIGINAL: El mote venía de antiguo: cuando, desempeñándose de soldado en las guerras del rey, tuvo que cruzar una noche con otros veintinueve compañeros y un capitán de verdad cierto río helado, imagínense, viva España y todo eso, con la espada entre los dientes y en camisa para confundirse con la nieve, a fin de sorprender a un destacamento holandés. Que era el enemigo de entonces porque pretendían proclamarse independientes, y si te he visto no me acuerdo.
SUGERIDO: El mote venía de antiguo (dos puntos eliminados, sustituidos por coma), cuando, desempeñándose de soldado en las guerras del rey, tuvo que cruzar una noche con otros veintinueve compañeros y un capitán de verdad cierto río helado (coma eliminada, sustituida por punto y coma); imagínense, viva España y todo eso, con la espada entre los dientes y en camisa para confundirse con la nieve, a fin de sorprender a todo un destacamento holandés… que era el enemigo de entonces porque esos necios de cuidado pretendían proclamarse independientes (coma eliminada) y si te he visto no me acuerdo.
Nota: Se ha añadido todo un destacamento para dar impresión de que el enemigo es más numeroso. Que es una gran hazaña, vamos. El texto parece confirmar, más adelante, que estos españoles dependían de unos refuerzos que nunca llegaron, aunque, siendo sincero, tampoco se aclara si aun así estarían a la par con el enemigo. Esta sugerencia debería ser sólo eso, una sugerencia a negociar. Aparte, se ha añadido necios de cuidado para redondear la idea de quién estamos hablando y la consideración que nos merece. 


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ORIGINAL: Volviendo al capitán, la idea era sostenerse allí, en la orilla de un río, o un dique, o lo que diablos fuera, hasta que al alba las tropas del rey nuestro señor lanzasen un ataque para reunirse con ellos. Total: que los herejes fueron debidamente acuchillados sin darles tiempo a decir esta boca es mía.
SUGERIDO: Volviendo al capitán, la idea era sostenerse allí, en la orilla de un río, o en un dique, o lo que diablos fuera, hasta que al alba las tropas del Rey Nuestro Señor lanzasen un ataque para reunirse con ellos. Total(,) que los herejes fueron debidamente acuchillados sin darles tiempo a decir esta boca es mía.
Nota: Este párrafo en realidad debería ir punto y aparte. Se entiende con el texto analizado todo de una vez, no en estas pequeñas secciones de texto. Por lo demás, ¿quizá Rey en mayúscula y el mote del mismo rey en cursiva? No lo sé, pero lo sugiero.


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ORIGINAL: Y para que se hagan idea vuestras mercedes, sólo dos españoles consiguieron regresar a la otra orilla cuando llegó la noche. Diego Alatriste era uno de ellos, y como durante toda la jornada había mandado la tropa —al capitán de verdad lo dejaron listo de papeles11 en la primera escaramuza, con dos palmos de acero saliéndole por la espalda—,12 se le quedó el mote, aunque no llegara a disfrutar ese empleo.
SUGERIDO: Y(,) para que se hagan idea vuestras mercedes, sólo dos españoles consiguieron regresar a la otra orilla cuando llegó la noche. Diego Alatriste era uno de ellos, y(,) como durante toda la jornada había mandado la tropa —al capitán de verdad lo dejaron listo de papeles11 en la primera escaramuza, con dos palmos de acero saliéndole por la espalda—,12 se le quedó el mote, aunque no llegara nunca a disfrutar ese empleo.
Nota: Aquí se han colado los números de nota a pie de página, que, la verdad, son tediosos. Hay que acostumbrarse a ellos, porque serán abundantes. Luego lo explico. Al añadir nunca ampliamos la paradoja del mote.


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ORIGINAL: …le juró ocuparse de mí cuando fuera mozo. Ésa es la razón de que, a punto de cumplir los trece años, mi madre metiera una camisa, unos calzones, un rosario y un mendrugo de pan en un hatillo16, y me mandara a vivir con el capitán, aprovechando el viaje de un primo suyo que venía a Madrid.
SUGERIDO: … le juró ocuparse de mí cuando yo fuera mozo. Ésa es la razón de que, a punto de cumplir los trece años, mi madre metiera una camisa, unos calzones, un rosario y un mendrugo de pan en un hatillo16 (coma eliminada) y me mandara a vivir con el capitán, aprovechando el viaje de un primo suyo que venía a Madrid.
Nota: resolvemos ambigüedad añadiendo yo, porque no es Alatriste quien llega a ser mozo.


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ORIGINAL: …que recordaba a Diego Alatriste sus compromisos y su amistad con el difunto. Recuerdo que cuando entré a su servicio había transcurrido poco tiempo desde su regreso de Flandes, porque una herida fea que tenía en un costado, recibida en Fleurus18, aún estaba fresca y le causaba fuertes dolores; y yo, recién llegado, tímido y asustadizo como un ratón, lo escuchaba por las noches, desde mi jergón, pasear arriba y abajo por su cuarto, incapaz de conciliar el sueño.
SUGERIDO: …que recordaba a Diego Alatriste sus compromisos y su amistad con mi difunto padre. Recuerdo que(,) cuando entré a su servicio(,) había transcurrido poco tiempo desde su regreso de Flandes (coma eliminada) porque una herida muy fea que tenía en un costado, recibida en Fleurus18, aún estaba fresca y le causaba fuertes dolores; y yo, recién llegado, tímido y asustadizo como un ratón, desde mi jergón lo escuchaba por las noches pasear arriba y abajo por su cuarto (coma eliminada) absolutamente incapaz de conciliar el sueño.
Nota: Nótese que hemos cambiado de sitio mi jergón y hemos añadido absolutamente para enlazar mejor y sin comas. Con estos pequeños detalles ganamos fluidez. Añadimos muy fea para recalcar.


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ORIGINAL: Ha pasado muchísimo tiempo y me embrollo un poco con las fechas. Pero la historia que voy a contarles debió de ocurrir hacia el año mil seiscientos y veintitantos, poco más o menos.
SUGERIDO: Ha pasado muchísimo tiempo y me embrollo un poco con las fechas (punto eliminado y sustituido por coma), pero la historia que voy a contarles debió de ocurrir hacia el año mil seiscientos y veintitantos, poco más o menos.


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ORIGINAL: Es la aventura de los enmascarados y los dos ingleses, que dio no poco que hablar en la Corte, y en la que el capitán no sólo…
SUGERIDO: Es la aventura de los enmascarados y los dos ingleses, que dio no poco que hablar en la Corte (coma eliminada) y en la que el capitán no sólo…


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ORIGINAL: Me refiero al secretario del rey nuestro señor, Luis de Alquézar21, y a su siniestro sicario italiano, aquel espadachín callado y peligroso que se llamó Gualterio Malatesta22, tan acostumbrado a matar por la espalda que cuando por azar lo hacía de frente se sumía en profundas depresiones, imaginando que perdía facultades.
SUGERIDO: Me refiero al secretario del Rey Nuestro Señor, Luis de Alquézar21, y a su siniestro sicario italiano, aquel espadachín callado y peligroso que se llamó Gualterio Malatesta22, tan acostumbrado a matar por la espalda que(,) cuando por azar lo hacía de frente(,) se sumía en profundas depresiones (coma eliminada) imaginando que quizá estaba perdiendo facultades.



FIN DEL ANÁLISIS



En fin, parece que nada es inefable. Siempre hay alguna cosita, y, si debo ser sincero, me esperaba la perfección… y de todas maneras no me sorprende no haberla encontrado. Estoy un poco perdido, y tengo cierto sabor agridulce. Y no soy hipócrita, sino que el ambiente que rodea la obra, y su cariz de clásico por adelantado, me condicionó a priori como acaso este tipo de avales imaginarios deben estar confundiendo a muchos lectores (ojo, a nivel de la narrativa, no de la historia). Es cierto que no se debe dar nada por sentado hasta que uno no entra en materia. Es decir, siempre hablando de lo que solemos hacer en este blog, que es hallar un camino más fluido a la comunicación escrita.

Mis impresiones personales son: que el narrador suelta casi todo “el refranero” a bote pronto, quizá demasiado forzado; que la obra parece un poquito barullenta, muy prieta… tal vez necesitada de un poco más de uso del punto y aparte; y que los personajes se dan a conocer en un espacio demasiado corto de tiempo (sí, la literatura también tiene su propio espacio-tiempo).

En mi caso, este primer capítulo analizado proviene de una edición especial anotada por Alberto Montaner. Es decir, con abundante pie de página. De hecho, tan abundante que el pie de página casi duplica la materia escrita de la obra, lo que es un verdadero tedio. Y no adoro especialmente los pie de página, pero éstos se podrían haber amenizado mucho más. Son casi inleíbles. Supongo que quedan ahí para los grandes amantes del género (por no decir frikis del tema, que queda muy mal y seguramente no es del todo correcto), aunque quizá babosee un poco la temática y supongo que la obra, a solas, causa mejor impresión.

De todos modos y ya sobre la base literaria, y aun cuando, y contra todo pronóstico, es un material mejorable (a nivel de fluidez), valga la pena decir que bienvenido sea al mundo de las aventuras El Capitán Alatriste porque llena un hueco histórico (el español) muy alejado de la literatura popular en el mundo (me refiero a la literatura voluntaria, no la de instituto). Enhorabuena.


viernes, 26 de mayo de 2017

Taller Literario nº20 La Saga de Los Longevos, de Eva García Sáenz

Hoy trabajaremos sobre el prólogo de una novela de éxito, un trabajo que se ha permitido el lujo de estar en los primerísimos puestos en las listas de ventas de mitos y sagas y ficción histórica en Amazon.

Hablamos de La Saga de Los Longevos, de Eva García Sáenz. Un libro autopublicado, o de un indie, tal y como en el argot de la red se llama a un autor que se publica a sí mismo en una plataforma digital (no sé si exclusivamente en Amazon).

He leído más de una vez que autopublicar en Amazon, o en “webs” similares, desprestigia de por vida a un autor. Tiene sentido, ya que, publicando online, su obra se salta a la torera todos los filtros editoriales tradicionales que, se supone, están ahí para llevar al mercado solamente un material debidamente acreditado por los profesionales de las letras. Claro que… en este blog, ese tipo de obras ya han sido analizadas y les hemos encontrado pequeños (o grandes) traspiés que dejan en entredicho la fiabilidad de las cribas de los verdaderos entendidos en literatura. Por eso La Saga de Los Longevos está aquí, porque, debidamente acreditada o no, no deja de ser un trabajo literario donde se ha invertido mucho esfuerzo, algunos de ellos muy “editoriales”. Y es que tengo un montón de números que anticipar para que nos hagamos una idea de la inversión de tiempo, esfuerzo y dinero de la autora a la hora de llevar su obra al mercado.

Vamos con ellos:

La autora asegura que invirtió en su obra cuatro horas diarias durante tres años. Eso es una pasada. Es invertir mucho ímpetu y mucha ilusión, un trabajo constante y fatigoso (para quien no se imagine que escribir es un placer). Hablamos de 734 páginas, con un año previo de documentación sobre historia y genética, por ejemplo, y cursos de novela en talleres literarios. La autora habla de, nada más y nada menos, ocho borradores. Ocho correcciones profundas, donde asevera haber pulido las tramas, las subtramas, los puntos de giro, el clímax y el anticlímax, entre miles de detalles previstos y no previstos. Siete lectores de distintos perfiles fueron usados de cobayas para opinar al respecto de, se supone, el último borrador. Para colofón, la novela fue enviada a una de las editoriales más prestigiosas de España (no ha citado cuál) para una profunda corrección. Es decir, se pagó por ello, por los servicios de corrección a todos los niveles (se entiende), con la sana intención de que el producto llegara al mercado con las mismas garantías de calidad que cualquier otra obra literaria bajo el sello de las editoriales que todos conocemos. Hablamos de cuatro meses más de arduo descuartizamiento de las frases, destripando entresijos literarios de toda índole, masacrando lo escrito, ya de manos de los verdaderos expertos en el tema.

¿El resultado?

Sigamos leyendo.

En este caso, para este post, haré la “crítica literaria” antes que el examen del texto. Veamos si, después de los párrafos de la opinión personal (u opinión de un lector), la debida corrección de estilo y “mejora” del texto justifica dichas opiniones.

Empiezo mis argumentos volviendo a insistir en que la autora se preocupó de verdad en ofrecer a sus lectores lo mejor de lo mejor. Que no quede duda de eso. Dicho esto, ella misma explica que subió su trabajadísima novela a Amazon y que no vendió nada hasta que inició otra de las andaduras del indie, que es el marketing hecho por uno mismo; redes sociales, amigos, enlazar con blogueros… Tras otro sinfín de trabajo, la novela empezó a venderse. Sin embargo, en este blog nos da igual el éxito literario y nos centramos en el producto en sí. Hablar de su acreditación en el mercado solamente nos sirve para redondear la magnitud social del libro que analizamos. Y en algún momento de este post seré sincero, pero, por ahora, adelanto que, así como cualquier autor puede publicar a sus aires, todos sabemos que, a tenor de la fácil digitalización de documentos, han surgido infinidad de empresas que ofrecen sus servicios de corrección y maquetación a diestro y siniestro. Hoy, cualquiera corrige estilo, como maqueta, como traduce… y es capaz de ofrecer todo ese tipo de servicios literarios porque, obviamente, todos tenemos que comer.

Si es correcto o no dedicarte a algo para lo que no estás cualificado debería ser reclamación del cliente afectado, pero, como asimismo ya dejaré ver en este post, a veces el “cliente” es el que no está, o no quiere o no le interesa estar cualificado para apuntillar fallas en un producto que no es del todo redondo.

Aquí le tengo que dar un pequeño tirón de orejas a blogueros y lectores. La historia de La Saga de Los Longevos está genial, entretenidísima. Lo certifico por su prólogo, que despertó mi interés. Sin embargo, me gustaría poder leer de las opiniones de sus lectores que la historia les apasiona… pero no que está fenomenalmente escrita. Como ya he dicho, también lo he leído de algún bloguero: bien escrita. Incluso, para mi sorpresa, quienes puntúan al mínimo la novela (toda obra tiene sus detractores), asimismo sostienen que no les va, que no les cuadra… pero que está bien escrita.

No, no está perfectamente escrita. Se puede mejorar. Relativizaría diciendo que todo es mejorable, pero en esta novela hay una implicación realmente bárbara de profesionales de la literatura que deberían haber corregido errores de estilo o transmisión de la información fácilmente identificables. Y no es para decirle a la escritora que pida que le devuelvan el dinero, sino para felicitarla de su buena fe y de que haya sido lo suficientemente sincera como para pedir ayuda para pulir su trabajo. Eso, precisamente eso, es lo loable.

…No estoy intentando rebajar el tono del post, sino que hasta yo mismo quisiera poder disponer de un equipo de corrección y de lectores cobaya que me masacrasen los escritos. No soy inefable, pero tampoco espero que los demás lo sean. De hecho, veo más fácilmente los errores ajenos que los míos propios. Creo que es algo muy común en quienes escribimos. Al menos, a mí me pasa una barbaridad (o más de lo que desearía, para no denigrarme mucho). Y, claro, para eso pagas, para que unos ojos ajenos, debidamente formados o motivados, te pulan lo escrito.

Y cuidado, que en este caso estoy tratando a la escritora como a un cliente. Buscó a los verdaderos entendidos… y los verdaderos entendidos no la asesoraron bien. De hecho… en alguna entrevista ella cuenta que la editorial que le corrigió el texto final le aseguró que su novela ya estaba a la altura de que las editoriales de toda la vida se interesasen por su trabajo. Y aquí, justamente aquí, es cuando cambio el cariz de este post. En cuestión de calidad literaria, no veo una diferencia palpable entre La Saga de Los Longevos con la novela analizada en mi último post, la de la periodista Carme Chaparro (No soy un monstruo) y su Premio Primavera. Hablamos, para mí, de calidades equiparables.

Siguiendo este argumento, los indies están más acreditados que nunca para escribir no porque sean auténticos literatos, sino porque las grandes editoriales han bajado el listón. Su trabajo ya no es intachable. Cientos de blogueros se dedican a destripar las vanidades de esos lanzamientos de postín, muchos de ellos avalados por premios y distinciones que, poco a poco, van perdiendo el crédito que una vez tuvieron. Eso también quiere decir que La Saga de Los Longevos podría haber ganado el Premio Primavera, o El Planeta. Es mucho.

Pero… si enredo un poco más el asunto, también identifico aquí que puede que las editoriales de toda la vida se hayan dado cuenta de que el lector actual es el menos exigente del que tengamos noticia. La fácil virulencia con que se expande el marketing actual, sobre todo a nivel de redes sociales, y la gran facilidad para adquirir un producto digital desde casa (precio bajo e inmediata adquisición), se han unido a que hoy por hoy “tuiteamos” con locura y, a tanto trabajo, ya no prestamos atención a cómo escribimos… sino al contenido. Esa cultura del “todo vale”, por llamarla de alguna manera, está muy bien para nuestros dispositivos móviles, para nuestro día a día… pero el problema es que la cultura simplista parece haberse movido al interior de los libros. Al lector actual no le importa tanto el cómo, sino el qué. Todos queremos leer una historia entretenida, independiente de cómo esté escrita. Y, siguiendo esa tendencia, es obvio que cada vez somos menos exigentes con el estilo o la debida transmisión de la información literaria. Lo cogemos todo de golpe, lo amasamos en el cerebro e interpretamos lo que nos interesa.

Lástima… porque, una gran historia, grandemente contada, es doblemente grande (vaya redundancia). Empezando conque grandes clásicos también pueden ser grandes muermos, no es lo mismo el nivel literario de la novela del post actual a cómo Michael Ende (La Historia Interminable) describe la llegada de La Nada… o, dicho de otra manera, cómo un personaje de la novela “ve” La Nada, con la paradoja de que La Nada es tan nada que no puede verse (no emite, ni recibe… no está). Sugerir las cosas así, para hacernos pensar más allá de las palabras, es, para mí, la verdadera literatura… y no necesita de palabrejas ni de otras estratagemas de snob sabelotodo, presumiendo más que escribe (recordemos, quizá, a Juan Manuel de Prada).

Y, desde luego, no es para esperar que genialidades por el estilo se repitan a destajo… pero, por otro lado, no debería ocurrir que aficionados incondicionales de la literatura, pero no formados para ello, sean capaces de discutir el trabajo de los verdaderos profesionales del sector escrito. Mi queja es fundamentalmente esa, que, de alguna manera, este blog no debería existir.

Conclusión: dadas las circunstancias… nos quedamos con la historia, que, con sólo la calidad literaria, nos dormimos. Eso sí, en un futuro, quizá no muy lejano, a tenor de la tendencia actual puede que el lector ya no pueda elegir entre sorprenderse con las letras o conformarse con asimilar información transmitida de forma lineal; para entonces, la literatura ya será casi un tuiteo. Para entonces, quizá será el momento de cerrar este blog y dedicarse a otra cosa.


Claro que… pensándolo mejor, mientras este blog tenga un solo like, lo mantendré abierto y activo. habida cuenta que, aparte de querer leer grandes novelas como La Saga de Los Longevos, aún seguirá habiendo dos personas que se preocupan por el cómo se cuenta una historia y aguardan, ansiosamente, que en el rincón menos sospechado de un texto se nos regale una frase inolvidable que nos acompañe toda una vida.

En fin… ahora, a justificarse:




EXAMEN INFORMAL DEL PRÓLOGO DE LA SAGA DE LOS LONGEVOS



ORIGINAL: Me despertó la sensación angustiosa del agua saturando mis fosas nasales, colonizándome la boca e inundando la garganta, camino de los pulmones. El suelo blanco resbaló a mis pies, y me agarré desesperado a los bordes de la tina para salir a la superficie.
SUGERIDO: Me despertó la sensación angustiosa del agua saturando mis fosas nasales, colonizándome la boca e inundando la garganta, camino de los pulmones. El suelo blanco resbaló a mis pies, y me agarré desesperado a los bordes de la tina para poder salir a la superficie.

Nota: que sepamos lo que es una tina no significa que sea correcto sustituir por ella la palabra bañera, la más acertada de todas.


ORIGINAL: Por suerte el aire vino a salvarme y tosí como lo haría un anciano. Después me alcé y quedé de pie, desnudo, con el agua que por poco acaba conmigo chorreando por mi espalda.
SUGERIDO: Por suerte(,) el aire vino a salvarme y tosí como lo haría un anciano. Después me levanté y quedé de pie, desnudo, con el agua(,) que por poco acaba conmigo(,) chorreando por mi espalda.

Nota: Se suele confundir alzar con levantarse. No es lo mismo. Uno no se alza a sí mismo. Como mucho puedes “alzar una ceja”. El agua que casi acaba con el personaje se ha apartado del texto central (con comas) porque es un agua en general, no un agua específica. Si lo ponemos todo seguido parece que podríamos estar hablando de distintas clases de agua, una que lo ha intentado matar y otra que no. Este punto es complicado de entender, pero modificando la frase se evita una ambigüedad.


ORIGINAL: Entonces escuché una melodía y salté de la tina, con menos cuidado del que debía, en busca del origen de la música. Sobre el lecho de un amplio dormitorio que no reconocí, un pequeño artefacto negro y brillante se movía solo. Lo cogí y lo manoseé, sin saber muy bien qué hacer con él.
SUGERIDO: Entonces escuché una melodía y salté de la bañera, con menos cuidado del que debía, en busca del origen de la música. Sobre el lecho de un amplio dormitorio que no reconocí, un pequeño artefacto negro y brillante parecía vibrar. Lo cogí y lo inspeccioné, sin saber muy bien qué hacer con él.

Nota: Volvemos a escribir bañera porque no es necesario buscar y hasta rebuscar toda clase de sinónimos para mejorar un texto. Sigue siendo una bañera y no pasa nada. En cuanto al celular (o teléfono móvil) aún no sabemos que es tal, por lo que, si se mueve solo, como lectores necesitados de información concisa podemos imaginar cualquier cosa y éste podría estar ejecutando un movimiento de traslación por toda la estancia, o algo por el estilo. Es mejor escribir, simple y llanamente, que vibra, que es lo que suelen hacer los celulares. Por lo de “manosear”, el manoseo es una cosa distinta a coger algo desconocido del que no sabes su utilidad.


ORIGINAL: Había pictogramas grabados, uno rojo, otro verde. Experimenté, no parecía peligroso. El rojo silenciaba la música.
SUGERIDO: Había pictogramas grabados(:) uno rojo, otro verde. Experimenté… No parecía peligroso. El rojo silenciaba la música.
Nota: No se relaciona el celular con los pictogramas. Éstos podrían estar en cualquier parte de la habitación. Estas frases deben ir en el párrafo anterior, y aclarar de forma concisa que en el aparato desconocido había unos pictogramas.

ORIGINAL: —Sí, soy tu padre. Tu nombre es Urko, pero te será más útil recordar que ahora eres Iago del Castillo. Nacimos cerca de Santander, en la actual España, hace varios milenios, en una época que hoy llaman la Prehistoria. Nos referimos a nosotros mismos como longevos porque ni tú, ni yo, ni tus dos hermanos hemos envejecido nunca más allá de los treinta años, pero somos los únicos a quienes les ocurre, así que cambiamos periódicamente de lugar y de identidad para no ser descubiertos.
SUGERIDO: —Sí, soy tu padre. Tu nombre es Urko, pero te será más útil que te recuerde que ahora eres Iago del Castillo. Nacimos cerca de Santander, en la actual España, hace varios milenios, en una época que hoy llaman (Eliminado) Prehistoria. Nos referimos a nosotros mismos como longevos porque ni tú, ni yo, ni tus dos hermanos(,) hemos envejecido (eliminado) a partir de los treinta años(.) Somos las únicas personas en el mundo a quienes les ocurre esto, así que cambiamos periódicamente de lugar y de identidad para no ser descubiertos.

Nota: esta conversación, a mi entender, se realiza por parte del padre del protagonista yendo al grano de una manera quizá demasiado precipitada. Casi parece que le cuente el prólogo del libro.



ORIGINAL: —Ojo: somos longevos, no inmortales. Si te pegan un tiro, te vas al cajón, como todo hijo de vecino.
SUGERIDO: —Pero cuidado: somos longevos, no inmortales. Si te pegan un tiro (eliminado) te vas al cajón, como todo hijo de vecino.



ORIGINAL: —Para nosotros mismos, estamos tratando de aislar el gen que nos hace longevos, creemos que se trata de una mutación muy poco común, aunque esto ahora no te diga mucho. Tus hermanos, Lyra y Nagorno, están obsesionados con tener hijos que no envejezcan, aunque tú y yo no estamos de acuerdo. Nosotros, a diferencia de ellos, sí que hemos tenido alguna vez hijos longevos, no muchos, somos una rareza de la evolución, pero acabaron muriendo por sus propios errores, así que sabemos del dolor que acompaña a esas pérdidas. Ellos todavía no lo entienden.
SUGERIDO: —Para nosotros mismos. Estamos tratando de aislar el gen que nos hace longevos. Creemos que se trata de una mutación muy poco común, aunque por ahora esto no te diga mucho. Tus hermanos, Lyra y Nagorno, están obsesionados con tener hijos que no envejezcan, aunque tú y yo no estamos de acuerdo con eso. Nosotros, a diferencia de ellos, sí que hemos tenido alguna vez hijos longevos(;) no muchos somos una rareza de la evolución, y esos hijos acabaron muriendo por sus propios errores(,) así que sabemos del dolor que acompaña a esas pérdidas. Ellos todavía no lo entienden así.


ORIGINAL: —No te confundas, son nuestra familia y daríamos un brazo por ellos, es solo que están equivocados. Los dos han pasado por sus propios traumas y aún tienen que reponerse. Entrarán en razón… algún día —dijo, con esa voz de quien trata de convencerse a sí mismo—. De momento, confían en tu cerebro, y tú en hacer cambiar de opinión a Lyra. Su última familia murió hace unos años en un accidente, y ella ya no quería volver a pasar por ese trance, de hecho, ni siquiera quería vivir. Estás ganando tiempo para convencerla y mientras, boicoteamos la investigación. Lo de tu hermano Nagorno… —suspiró—. Bueno, él es otra historia, siempre insisto en que me lo dejes a mí. Solo espero que me hagas caso.
SUGERIDO: —No te confundas(;) son nuestra familia y daríamos un brazo por ellos. Es solo que están equivocados. Los dos han pasado por sus propios traumas y aún tienen que reponerse. Entrarán en razón… algún día —dijo, con esa voz de quien trata de convencerse a sí mismo—. De momento, confían en tu cerebro, y tú en hacer cambiar de opinión a Lyra. Su última familia murió hace unos años en un accidente (eliminado) y ella ya no quería volver a pasar por ese trance. De hecho, ni siquiera quería vivir. Estás ganando tiempo para convencerla y(,) mientras, boicoteamos la investigación. Lo de tu hermano Nagorno… —suspiró—. Bueno, él es otra historia(;) siempre insisto en que me lo dejes a mí. Solo espero que me hagas caso.

Nota: En general podemos asimilar la información, pero está mal dosificada. Toda esa información familiar debería entregarse paulatinamente a lo largo de la novela. En un par de párrafos ya no nos acordamos de nada.


ORIGINAL: —Mi cerebro —repetí sin comprender. Me había quedado en ese punto de la conversación. El resto era una niebla espesa para mí.
SUGERIDO: —Mi cerebro —repetí(,) sin comprender. Me había quedado en ese punto de la conversación. El resto era una niebla espesa para mí.


ORIGINAL: —Lo sé, lo sé. Tu cabeza guarda demasiados datos, no dejas de adquirir nuevos conocimientos, y te dedicas a coleccionar carreras universitarias. Siempre te estoy advirtiendo del peligro que eso conlleva, pero tú no me haces caso. Estos últimos siglos los apagones te están sucediendo con más frecuencia, por eso intento que pasemos el mayor tiempo posible conviviendo como una familia normal. Es más difícil si estás solo y un error puede llevarte a la muerte, o a descubrir nuestra naturaleza delante del mundo. Tú tienes tus propios sistemas, crees manejarte bien solo. Siempre fuiste así, desde que formabas parte de tu primer clan, tan independiente y autosuficiente. Cuando vuelvas a Santander…
SUGERIDO: …—Lo sé, lo sé. Tu cabeza guarda demasiados datos, no dejas de adquirir nuevos conocimientos (eliminado) y te dedicas a coleccionar carreras universitarias… y siempre te estoy advirtiendo del peligro que eso conlleva, pero tú no me haces caso. Estos últimos siglos, los “apagones” en tu cabeza se están sucediendo con más frecuencia. Por eso intento que pasemos el mayor tiempo posible conviviendo como una familia normal. Es más difícil si estás solo y un error puede llevarte a la muerte, o a desvelar nuestra naturaleza al resto del mundo. Tú tienes tus propios sistemas, crees manejarte bien solo. Siempre fuiste así, desde que formabas parte de tu primer clan, tan independiente y autosuficiente. Cuando vuelvas a Santander…

Nota: No es lo mismo desvelar que descubrir.


ORIGINAL: El idioma es el inglés y la moneda, el dólar.
SUGERIDO: El idioma es el inglés y la moneda, el dólar.

Nota: El padre pone al día a su hijo sobre la actualidad y menciona el idioma y la moneda más influyentes. Aquí no hay corrección específica, sino que la frase debería decir algo así: el idioma más frecuente, y que puedes utilizar prácticamente donde quieras, es el inglés. La moneda predominante es el dólar. En principio, con ambas “herramientas” podrás sobrevivir adonde quiera que vayas.


ORIGINAL: —Mira, debería ir a buscarte por seguridad, pero supondrían casi veinticuatro horas de vuelo hasta que llegase. Voy a hablar con tu hermano y desde aquí vamos a adelantarte el billete. No es seguro que pases unos días allí solo, pero antes necesito que te reubiques, suenas demasiado anacrónico. Quiero que busques un aparato llamado televisión, es como un gran cuadro oscuro sin imagen. Puede que esté clavado en la pared o sobre un mueble.
SUGERIDO: —¿Sabes? debería ir a buscarte por tu seguridad, pero eso supondría casi veinticuatro horas de vuelo. Voy a hablar con tu hermano y(,) desde aquí(,) vamos a comprarte un billete. Mientras, puede que pases unos días ahí, solo, y necesito que te reubiques(;) suenas demasiado anacrónico. Quiero que busques un aparato que parece un gran cuadro oscuro, pero sin pintar. Se llama televisión. Puede que esté sobre un mueble, o clavado en la pared.


ORIGINAL: —No, debes pulsar el mando, cuanto antes te hagas con la jerga de este siglo, mejor. El mando es un aparato similar al móvil desde el que te estoy hablando.
SUGERIDO: —No, debes pulsar el mando a distancia(;) cuanto antes te hagas con la jerga de este siglo, mejor. El mando a distancia es un aparato similar al aparato desde el que te estoy hablando, que, por cierto, se llama teléfono móvil.

Nota: la corrección de mando a distancia o el añadido de teléfono móvil son puntuaciones necesarias para acentuar que se está introduciendo al personaje en el mundo actual.


ORIGINAL: —No va a ser necesario. Llama al servicio de habitaciones, ahora te explico cómo, y pide que te suban lo mismo que ayer. Pero antes ponte la ropa que encuentres. Apuesto a que estás todavía desnudo. Tú y tu manía de ponerte en cueros en cuanto estás solo.
SUGERIDO: —No va a ser necesario. Llama al servicio de habitaciones y pide que te suban lo mismo que ayer; enseguida te explico cómo. Pero(,) antes(,) ponte la ropa que encuentres. Apuesto a que todavía estás desnudo(;) tú y tu manía de ponerte en cueros en cuanto estás solo.


ORIGINAL: Entonces escuché el golpeteo rítmico de unos nudillos en la puerta. Creí que sería alguno de los sirvientes del hotel, así que cuando el joven pulcramente vestido al que abrí la puerta me saludó, repetí la comanda del día anterior:
SUGERIDO: Entonces escuché el golpeteo rítmico de unos nudillos en la puerta. Creí que sería uno de los sirvientes del hotel, así que(,) cuando el joven pulcramente vestido al que abrí la puerta me saludó, repetí la comanda del día anterior:


FIN DEL EXAMEN


Conclusión:

En fin, el prólogo aún no ha terminado, pero ya doy por bueno el examen. Sólo quería recalcar algunas mejoras de estilo muy lógicas.

Estoy seguro de que el libro es muy entretenido, pero se puede pulir mucho. Es una lástima no haber debatido antes estas sugerencias con la autora.

Sin embargo, mi examen no termina aquí. Aquí no sólo trabajamos el texto en sí, sino la transmisión efectiva o adecuada de ideas, las carencias argumentales y el estilo, entre otras cosas quizá no tan palpables a simple vista. Y hablo no sólo de las cosas que están, sino de las que se echan en falta. La historia relata a un longevo que despierta con amnesia y no identifica el mundo actual. Su padre le hace una llamada y lo trata de orientar, mientras el muchacho se enfrenta a las singularidades de nuestro ahora.

A mi forma de ver, los “objetos prodigiosos” de nuestra vida cotidiana no están debidamente introducidos. Entre otros detalles, también el personaje se asoma al balcón del hotel y ve una panorámica de la ciudad, pero nada más. No hay impresiones sobre la cuadratura y tamaño de los edificios, ni del asombro acerca de las carreteras, ni de los autos o del ruido urbano. Todo queda en el tintero, habida cuenta de que se nos sugiere que el personaje se haya situado mucho, pero mucho tiempo atrás, porque se refiere al balcón como una atalaya; una exageración o desmedida medievalización del personaje, pues los balcones existen, como tales, desde la antigüedad.

Del otro lado, su padre al teléfono se explaya demasiado en detalles de la trama, más como si estuviera hablando a los lectores para poner al día de la historia que para poner a su hijo a salvo de los peligros del mundo actual. Y es muy frío, tanto como para hablar con indiferencia de los muchos nietos que ha perdido. Eso tendría sentido si la personalidad de los longevos fuese muy, pero muy especial al respecto de su apreciación de la vida. De todos modos, se expresa como un españolito, con un vocabulario muy informal (eso también habría que explicarlo, porque no parece una persona que haya vivido milenios). En general, siguiendo esa tendencia el estilo de la novela parece que es un poco “chabacano” (recordemos el uso de tina, por ejemplo, para referirnos a una bañera).

La escena literaria continua cuando el hermano del protagonista hace acto de presencia en la habitación de hotel. El gesto de éste de picarle el ojo a su hermano quiere expresar que se trata de un personaje burlesco, pero está fuera de lugar en los actos que se relatan y en la conversación, muy forzado. Tampoco se explica contundentemente para qué entra en la habitación, o que lo hace “por el hueco que el personaje principal deja entre su propio cuerpo y la puerta”, algo que podría expresarse mucho mejor. Sin embargo, lo peor es que el personaje principal tiene con este nuevo sujeto un flash intuitivo y, de alguna manera, sabe que lo odia, que es un tipo de muy mala calaña… y aquí el fallo viene de cuando, al recordar, este sujeto recién aparecido le provoca una arcada. Es decir, al personaje principal le dieron ganas literales de vomitar al volver a ver a su muy odiado hermano. Y es que, literariamente hablando, incluso con el sentido común de la mano, una arcada (o ganas de vomitar) está provocada por los sentidos, y no por los sentimientos. En el lenguaje metafórico, cuando no soportamos a alguien decimos que nos da ganas de vomitar, pero eso no quiere decir que tengamos arcadas.

Por último, y para acabar en positivo (aunque yo creo que todo en este post es positivo si, al cabo, terminamos aprendiendo algo), no puedo más que dejar constancia de un aspecto que quizá no sea literario, pero que sí es parte del producto: menuda portada. Parece todo un producto planeta. De hecho, hasta que no decidí meterle mano e investigarla, a razón de esa portada esta novela siempre me sonó a producto editorial en toda regla. Consta que la autora contrató una maquetación, pero que ella se implicó del todo en su cariz. Enhorabuena por tan buen gusto.


sábado, 29 de abril de 2017

Taller Literario nº19 Premio Primavera de Novela 2017 (No soy un monstruo, de Carme Chaparro)

Las sugerencias que puedan hacerse para redondear un texto no deben responder a un criterio caprichoso o personal. La verdadera mejora de estilo debe residir en demostrar de forma aceptable que las modificaciones realizadas en la escritura aportan una mejor fluidez en las letras, un orden adecuado o la transmisión más precisa e inequívoca de la idea que el escritor quiere plasmar en su trabajo, entre otros aspectos. La “calidad” de la historia pertenece a la crítica, y en este caso queda al margen.  
Hoy trabajamos un texto de una autora en su primera novela, la que, ni más ni menos, ha ganado este año 2017 el prestigioso Premio Primavera. 
Menuda forma de empezar una carrera literaria. La novela es No soy un monstruo, de una de nuestras periodistas favoritas, Carme Chaparro.
Hablamos de un texto que se ha impuesto entre 1125 novelas presentadas a concurso, y que ha sido examinado a lupa por un meticuloso jurado encabezado por una “letra” de La Real Academia Española, la señora Carme Riera. Del resto de ese jurado también cabe echarse a temblar si añadimos directores de periódicos de renombre, escritores consagrados y críticos literarios, entre otras profesiones vinculadas directamente al mundo de la cultura.

El texto original aparece en negro.
Las mejoras/sugerencias, en rojo.
Los textos fuera de lugar, en azul.

Empecemos:


Original: En las películas americanas siempre hay donuts. Los donuts son lo primero que delata que aquello es una reunión de adictos. Al alcohol. Al amor. Al fracaso. Cuando la cámara se mueve por el interior de una habitación iluminada por la patética luz de fluorescentes y con olor a orina rancia —la orina no se huele a través de la pantalla, pero tú intuyes que está ahí; te llega ácida y vomitiva como si estuvieras metiendo la nariz en un urinario público—, sabes que alguien va a confesar la vergüenza oculta de su vida.

Sugerido: En las películas americanas siempre hay donuts. Los donuts son lo primero que delata que esto es una reunión de adictos. Adictos al alcohol, al amor, al fracaso… Cuando la cámara se mueve por el interior de una habitación iluminada por la patética luz de fluorescentes y con olor a orina rancia —la orina no se huele a través de la pantalla, pero tú intuyes que está ahí; te llega ácida y vomitiva como si estuvieras metiendo la nariz en un urinario público—, sabes que alguien va a confesar la vergüenza oculta de su vida.

Nota: El texto eliminado no coincide. La idea de estos párrafos es que en una sesión de adictos habrá quien cuente sus más íntimos y escabrosos secretos, pero la forma de introducir esa idea rompe completamente la trayectoria del texto. En sólo dos párrafos parece que hemos cortado y pegado textos de un libro a otro, o de una parte del libro a otra. Hemos saltado de una perspectiva de una sesión de adictos a una especie de cámara de los horrores visualizada, valga la redundancia, a través de una cámara televisiva.
Nota segunda: puntualizar que la luz de un fluorescente es patética por mera esencia no coincide con la idea general del público. Para convertir un elemento común en un elemento de tensión, como es este caso, hay que justificarlo. La sensación final es de una habitación perfectamente iluminada por luz de fluorescentes y que el narrador siente repulsión enfermiza por ese tipo de iluminación.   

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Original: Pero estamos en España, y aquí, para empezar, no hay donuts en las terapias. Lo bueno es que no corremos el riesgo de acabar montando un Diabéticos Anónimos. Si aquí terminas en un grupo de ayuda de las cuatro Aes —Anónimos Adictos A Algo—, lo más probable es que la tragedia por la que estás pasando sea tan grande que asistir a esas reuniones se convierta en la última alternativa a tu suicidio; lo último que pruebas antes de encerrarte en casa con una botella de whisky del bueno y dos botes de esas pastillas que deberían estar ayudándote a superarlo —eso al menos te asegura tu médico—, pero no. No te ayudan.

Sugerido: Pero estamos en España y, aquí, para empezar, no hay donuts en las terapias y lo bueno de no tener donuts en las terapias es que no corremos el riesgo de acabar montando una de Diabéticos Anónimos. Y, si aquí terminas en un grupo de ayuda de las cuatro Aes —Anónimos Adictos A Algo—, lo más probable es que la tragedia por la que estás pasando sea tan grande que asistir a esas reuniones se convierta en la última alternativa a tu suicidio; es lo último que pruebas antes de encerrarte en casa con una botella de whisky del bueno, que sea desgarrador, y dos botes de esas pastillas que deberían estar ayudándote a superarlo —eso al menos te asegura tu médico—. Pero no, no te ayudan.

Nota: Se han añadido las íes griegas para enlazar mejor el texto sin tener que reestructurarlo demasiado.
Nota segunda: Se ha añadido una apreciación aleatoria al whisky para que no quede sólo por whisky de buena calidad, porque es obvio que estamos tratando de transmitir la idea de alta graduación de alcohol.

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Original: Todos los que están aquí hoy conmigo querrían estar muertos. Mejor muertos que en esta sala. Mejor incluso en el infierno —que es lo que algunos creen merecer— que aquí y ahora.

Sugerido: Y, todos los que están aquí hoy, conmigo, querrían estar muertos. Mejor muertos que en esta sala. Mejor incluso en el infierno —que es lo que algunos creen merecer— que aquí, y ahora.

Nota: Se ha continuado una vez más con la í griega para enlazar aún más el texto. Cópiese todo junto y léase de golpe y se notará el efecto.

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Original: Echemos un vistazo a la sala. Por ejemplo, a ese hombre, ese hombre calvo y redondo que se ha puesto una sudadera de alguien treinta años más joven y unos pantalones de alguien veinte años más viejo, como si él mismo estuviera hecho de retales de diferentes personas. No puede ni abrir los ojos. ¿Hace cuánto que no fija la mirada en nada? ¿Hace cuánto que no pone un pie delante de otro porque de verdad quiere ir a algún sitio y no porque se deja llevar? ¿Hace cuánto que no coge algo —aunque sea un vaso de agua— queriendo realmente agarrarlo, con una orden directa de su cerebro a su mano —tienes sed, alarga el brazo, haz pinza con los dedos, coge el vaso, acércatelo a la boca, bebe—? Si pudiéramos meternos en su cabeza, veríamos que todo está (des)ocupado por un vacío inmenso, un hueco por el que no dejan de resonar las mismas ondas, rebotando en cascada de un extremo a otro del cráneo, una tras otra. De vez en cuando el pensamiento se queda suspendido en el ojo del huracán —no sabe, no se acuerda, no desgarra—, pero solo es una ilusión de vientos débiles y cielos despejados. El temporal en el que vive no le da tregua. Fue culpa tuya. Fue culpa tuya. No mereces vivir.

Sugerido: Echemos un vistazo a la sala. Por ejemploa ese hombre, ese hombre calvo y redondo que se ha puesto una sudadera de alguien treinta años más joven y unos pantalones de alguien veinte años más viejo, como si él mismo estuviera hecho de retales de diferentes personas. No puede ni abrir los ojos. ¿Hace cuánto que no fija la mirada en nada? ¿Hace cuánto que no pone un pie delante de otro porque de verdad quiere ir a algún sitio y no porque se deja llevar? ¿Hace cuánto que no coge algo —aunque sea un vaso de agua— queriendo realmente agarrarlo, con una orden directa de su cerebro (texto eliminado) —tienes sed, alarga el brazo, haz pinza con los dedos, coge el vaso, acércatelo a la boca, bebe—? Si pudiéramos meternos en su cabeza (coma eliminada) veríamos que todo está (des)ocupado por un vacío inmenso, un hueco por el que no dejan de resonar las mismas ondas, rebotando en cascada de un extremo a otro del cráneo, una tras otra. De vez en cuando el pensamiento se queda suspendido en el ojo del huracán —no sabe, no se acuerda, no desgarra—, pero solo es una ilusión de vientos débiles y cielos despejados. El temporal en el que vive no le da tregua. Fue culpa tuya. Fue culpa tuya. No mereces vivir.

Nota: Se ha eliminado de su cerebro a su mano porque eso ya queda implícito en las letras de a continuación.
Nota segunda: Las palabras que el sujeto se dice a sí mismo es mejor ponerlas en cursiva para saber que no son exactamente del narrador.

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Original: O esa chica joven de pelo grasiento, la que lleva unos pantalones tan grandes que cabría entera en una sola de las perneras. ¿Cuánto hace que no piensa en ella como un ser humano? Me fijo en que agarra su bolso tan fuerte que la sangre no le llega a las manos, como si ese objeto fuese su único asidero a la vida y sin él, sin estar agarrada a él, fuera a caer irremediablemente hacia el agujero negro del que está intentando salir. ¿Qué le habrá pasado? Es casi una niña. Debería darme pena.

Sugerido: O esa chica joven de pelo grasiento, la que lleva unos pantalones tan grandes que cabría entera en una sola de las perneras. ¿Cuánto hace que no piensa en ella como (texto eliminado) ser humano? Me fijo en que agarra su bolso tan fuerte que la sangre no le llega a las manos, como si ese objeto fuese su único asidero a la vida y, sin él, sin estar agarrada a él, fuera a caer irremediablemente hacia el agujero negro del que está intentando salir. ¿Qué le habrá pasado? Es casi una niña. Debería darme pena.

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Original: ¿Qué hago yo aquí, pues? ¿Qué hago yo aquí en medio de estas almas en pena y cuando aún no lo necesito? Mi editor —sí, maldición, tengo un editor— ha pensado que una terapia así es el lugar ideal para encontrar inspiración para mi próximo libro. Tras el éxito mundial de mi primera novela, Un bosque espeso, no hace más que presionarme para que vuelva a escribir.

Sugerido: ¿Qué hago yo aquí, pues? ¿Qué hago yo aquí, en medio de estas almas en pena y cuando sé que no lo necesito? Mi editor —sí, maldición, tengo un editor— ha pensado que una terapia como esta es el lugar ideal para encontrar la inspiración para mi próximo libro. Tras el éxito mundial de mi primera novela, Un bosque espeso, no hace más que presionarme para que vuelva a escribir.

Nota: Se ha sustituido cuando aún no lo necesito porque el resto del texto, al menos el que se alcanza a analizar aquí, no aclara si la escritora acude a terapia porque se sospecha que algún pueda necesitarla para otro propósito que solamente escribir. No es, pues, potencialmente una adicta. Si lo fuere o llegara a serlo a lo largo de la novela habría que darlo a entender aquí, aún sutilmente.

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Original: A veces me obsesiono tanto que he llegado a creer que ha sobornado a algunas de las personas con las que me cruzo cada día. Últimamente creo que son las mujeres de la limpieza de la oficina, que me miran de una manera hostil mientras empujan los carros cargados de productos tóxicos. Escribe otro libro. Escribe otro éxito. Escribe otra máquina de hacer dinero.

Sugerido: A veces me obsesiono tanto, que he llegado a creer que hasta ha sobornado a algunas de las personas con las que me cruzo cada día para que me convenzan de que escriba. Últimamente creo que son las mujeres de la limpieza de la oficina, las que me miran de una manera hostil mientras empujan sus carros cargados de productos tóxicos. Escribe otro libro. Escribe otro éxito. Escribe otra máquina de hacer dinero.

Nota: Es importante explicar para qué ha sobornado el editor a las personas. De la forma original no es explícito que lo haya hecho para convencer a la protagonista de que escriba.

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Original: Primero fue algo suave, sutil y educado. Ahora tengo la sensación de que mi editor estaría dispuesto a casi cualquier cosa si eso me diera alguna idea para un nuevo best seller. A veces me pregunto hasta dónde sería capaz de llegar por proporcionarme un hilo argumental. Y por mucho que le repito que yo solo tuve un libro dentro y que nunca seré capaz de escribir nada más, él —ellos en realidad, toda la editorial— insiste en que soy capaz y en que solo tengo que encontrar el click que transforme mi MacBook en un procesador de textos con diarrea. Pero yo no tengo ideas. Tuve una y ya está. Fue un libro y ya está.

Sugerido: Mi editor… Primero fue algo suave, sutil y educado. Ahora tengo la sensación de que (texto eliminado) estaría dispuesto a casi cualquier cosa si eso me diera alguna idea para un nuevo best seller. A veces me pregunto hasta dónde sería capaz de llegar por proporcionarme un hilo argumental. Y, por mucho que le repita que yo solo tuve un libro dentro y que nunca seré capaz de escribir nada más, él —ellos en realidad, toda la editorial— insiste en que soy capaz y en que solo tengo que encontrar el click que transforme mi MacBook en un procesador de textos con diarrea. Pero yo no tengo ideas. Tuve una y ya está. Fue un libro, y ya está.

Nota: Al principio del texto introducimos al editor para que se sepa que estamos hablando de él. Lo eliminamos a continuación.
Nota segunda: Hablar de diarrea para con una alta productividad literaria tiene todo el sentido del mundo si el personaje que narra es mordaz y ácido, aún más que en estas primeras letras. Si el personaje continúa en esa línea es completamente correcto. Si no lo es, esto está fuera de lugar.

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Original: En fin, que por eso he acabado aquí, para que mi editor me deje tranquila un tiempo. Si cree que estoy trabajando en algo, se calmará.
Pero no es fácil hacer cosas como esta. Siempre corro el riesgo de que me reconozcan. Y no me conviene, no aquí y no en este momento. Si saben quién soy, no me dejarán quedarme. He ensayado varias veces con pelucas y postizos, para otros trabajos anteriores. De hecho, hoy me he puesto lentillas oscuras y una peluca rubia corta. Con una base de maquillaje amarilla y un poco de corrector morado en las ojeras parezco incluso algo frágil, como si supurara tristeza por la piel.

Sugerido: En fin, que por eso he acabado aquí, para que mi editor me deje tranquila un tiempo. Si cree que estoy trabajando en algo, se calmará.
Pero no es fácil hacer cosas como esta. Siempre corro el riesgo de que me reconozcan. Y no me conviene. No aquí y no en este momento. Si saben quién soy, no me dejarán quedarme. He ensayado varias veces con pelucas y postizos (coma eliminada) para otros trabajos anteriores. De hecho, hoy me he puesto lentillas oscuras y una peluca rubia corta. Con una base de maquillaje amarilla y un poco de corrector morado en las ojeras, parezco incluso algo frágil, como si supurara tristeza por la piel.

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Original: En consonancia con el ambiente.
Y aunque me he hecho pasar por otras personas, siempre hay un detalle que acaba delatándome: la voz. Es algo tan característico que no puedo disimularlo. Las eses al final de las palabras me patinan con un sonido especial, como si no supiera parar a tiempo el fonema y me resbalara por entre los dientes cual cobertura de chocolate caliente sobre una bola de helado. Árboleszsz. Cosaszsz. Ni mi logopeda ha podido corregírmelo. Dice, además, que es mi toque característico, que me da personalidad. Así que tendré que estar callada. Al menos en la sesión de hoy.

Sugerido: En consonancia con el ambiente.
Y, aunque me he hecho pasar por otras personas, siempre hay un detalle que acaba delatándome: la voz. Es algo tan característico que no puedo disimularlo. Las eses al final de las palabras me patinan con un sonido especial, como si no supiera parar a tiempo el fonema y me resbalara por entre los dientes cual cobertura de chocolate caliente sobre una bola de helado. Árboleszsz. Cosaszsz. Ni mi logopeda ha podido corregírmelo. Dice, además, que es mi toque característico, que me da personalidad. Así que tendré que estar callada. Al menos en la sesión de hoy.

Nota: En consonancia con el ambiente queda completamente aislado. Debe ir en el párrafo anterior. No se entiende.

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Original: Afortunadamente, no hay donuts alrededor de los que iniciar una charla. Y afortunadamente también, el director de la terapia es puntual y va directo al grano. O quizá es que no le apetece mucho estar aquí y quiere acabar cuanto antes, alejarse de estas almas ancladas al infierno, no sea que le vayan a arrastrar a él también.

Sugerido: Afortunadamente, no hay donuts alrededor de los que iniciar una charla. Y, afortunadamente también, el director de la terapia es puntual y va directo al grano. O quizá es que no le apetece mucho estar aquí y quiere acabar cuanto antes, alejarse de estas almas ancladas al infierno, no sea que le vayan a arrastrar allí a él también.

Nota: Quizá abría que buscar otro lugar distinto al infierno, pues ya se ha nombrado antes.


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Original:
—¿Podéis ir tomando asiento, por favor? —nos pide el psicólogo con voz melosa.
Lo he investigado antes de venir. Soso en Facebook: solo fotos de platos de comida, calles de Madrid y algún que otro libro. Un solitario de manual. Un triste. Espero tenerlo fácil en caso de que necesite sacarle información.
—¿Podéis ir tomando asiento?
Y nos sentamos.

Sugerido:
—¿Podéis ir tomando asiento, por favor? —nos pide el psicólogo con voz melosa.
Lo he investigado antes de venir. Soso en Facebook: solo fotos de platos de comida, calles de Madrid y algún que otro libro. Un solitario de manual. Un triste. Espero tenerlo fácil en caso de que necesite sacarle información.
—¿Podéis ir tomando asiento?
Y, tras idas y venidas, nos terminamos sentando.

Nota: Nótese que la palabra psicólogo no se ha sustituido. El director de la charla (párrafo anterior) y el psicólogo no parecen la misma persona. En el momento de citar al director, hay que citar que a la vez es psicólogo. Ya entonces se introducen todos sus datos descriptivos.
Nota segunda: Se ha añadido una forma aleatoria para explicar que la gente de la terapia no se sienta de golpe y sí de forma desordenada (el psicólogo se tiene que reiterar), pues esa era la impresión que se ha dado con el texto original.


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Original: Sin mirarnos. Encogidos. Avergonzados de nosotros mismos. O quizá avergonzados de lo que vamos a escuchar, como si fuéramos viejas cotillas poniendo el oído junto a un confesionario. Derretidos de placer y sonrojo.
—Hoy Lucía quiere contarnos algo, ¿verdad?
La chica del bolso empieza a hablar.
Y yo no tendría que haber escuchado lo que ella estaba a punto de contarnos.

Sugerido: Sin mirarnos. Encogidos. Avergonzados de nosotros mismos. O quizá avergonzados de lo que vamos a escuchar, como si fuésemos viejas cotillas poniendo el oído junto a un confesionario. Derretidos de placer y sonrojo.
—Hoy Lucía quiere contarnos algo, ¿verdad?
La chica del bolso empieza a hablar… y yo no tendría que haber escuchado lo que ella estaba a punto de contarnos.


*   *   *

Fin del análisis.

Conclusión:

En general, el lector capta la idea de lo expuesto, pero el texto deja cierta sensación de desorden. Se entiende perfectamente lo que se quiere expresar, pero quizá el medio de enlace de una frase a la otra, incluso de una exposición a la otra, no está perfectamente ligado y hay… “trompicones”. Por eso me he permitido añadir alguna que otra introducción.
Por otro lado, es muy común en obras primerizas que se olvide que el lector no tiene por qué saber qué tiene el escritor en mente. El único medio de transmitir esa idea es el texto, por lo que si no se tiene cuidado hay cosas que pueden quedar en el tintero.
Sin embargo, hay grandes virtudes en la escritura. Analizar al psicólogo a través de Facebook es un buen punto, como lo que el tipo gordo tiene y no tiene en mente, como acaso ese bolso como pequeño salvavidas. Seguro que la novela guarda más sorpresas y virtudes con este cariz crítico y mordaz.
Por lo demás, y a tenor de las pocas frases analizadas, el texto absoluto debería trabajarse un poco para mejorar, moviendo frases a su lugar adecuado, restando texto para sumar en velocidad y comprensión, añadiendo, quitando o moviendo comas de sitio, etc.

Sí es un texto consecuente con una primera novela, como ya he leído en varios blogs. Enhorabuena de todos modos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Taller Literario nº18 Premio Planeta 2016 (Todo esto te daré, de Dolores Redondo)

Hace mucho, mucho tiempo, que no escribo una entrada para este blog.
…Hay motivos aparte del mundo literario que, obviamente, han propiciado que esto ocurra.
A pocos días o semanas de terminar la web de escritia.com y de, así pues, reemprender la aventura literaria allá donde quedó, un artículo del blog de críticas literarias reginairae.blogspot.co.uk (el cual visito de vez en cuando para conocer de manos imparciales cómo se cuece la literatura actual) llamó poderosamente mi atención.
De largo que un no reconocido como yo debería estarse calladito y esperar que los verdaderos entendidos en la materia opinen sobre el nivel literario de la calle… pero, claro, siempre defenderé que todos los “no reconocidos” formamos parte del desarrollo literario. Si no como escritores, por supuesto que sí como lectores. Somos parte del movimiento. Todos los que leemos lo somos, y no debemos dejar que sean los demás (sobretodo los demás económicamente implicados en el asunto) los que nos digan lo que debemos leer, lo que debe darse por bueno.
Con toda humildad hace tiempo que vengo comentando en mi círculo de amistades que suelo encontrar en sugeridas grandes novelas, si no errores, al menos sí párrafos y expresiones que deberían discutirse con los autores y sus equipos de corrección y puesta a punto de un manuscrito de venta al público. Parte de este blog, ya como taller literario, se ha atrevido al desafío de sugerir “mejoras” a textos ya reconocidos. Humildemente, pero con la misma osadía con que los editores nos plantan en la cara trabajos que, desde luego, no están a la altura de lo esperado.
Y lo siento por menudo preámbulo, pero suelo explicar estos pormenores para que nadie piense que ilusamente creo tener toda la literatura de mi mano y me meto donde no me llaman. Pero es que… yo, como no reconocido, puedo permitirme errores y fallas en mi escritura… pero… un Premio Planeta, de la editora que es y con el premio literario más importante de la tercera lengua más hablada del planeta, sí que no puede permitírselo. No hay excusa. Hay demasiado en juego.
Ciegamente, sin leer siquiera la novela ganadora de este año 2016, Todo esto de daré, de Dolores Redondo, me fío del criterio del blog al que soy asiduo y recojo de él la dura crítica de, se supone, lo mejor de lo mejor en materia literaria española en la actualidad. Y, seamos justos, no me mueve a este artículo que la novela pueda ser aburrida, típica, incoherente o improductiva. De hecho, este artículo no existiría si todos esos fuesen el caso pero la literatura encontrada dentro del libro tratase de algo impecable. Pero… es que ése no es el caso. En el blog se habla de que han confundido la palabra honda con onda, cuando hablamos de ondas en el agua. Eso es brutal.
También hablan de otras erratas, pero, claro, con ésta hay bastante. Es… de cuando íbamos al colegio.
…Hace tiempo que vengo encontrando algunos “patinazos” en este premio. Incluso al abrir la primera página. Así pues… ¿qué está sucediendo?
Anticipando que jamás ganaré ese premio y que no tengo que guardar ninguna apariencia, se me ocurren dos posibles respuestas a la falta de profesionalidad de estas ediciones de renombre.
La primera es que el concurso es absolutamente limpio y que la novela ganadora es la mejor de todas las presentadas al certamen. De hecho, sería un concurso tan limpio y honesto que no corregiría ni una sola palabra del manuscrito ganador, lo cual, en sus fallas, dejaría en muy mal lugar a las que no lograron imponerse, ocurriéndoseme así que si en la ganadora se escribe hondas en lugar de ondas… menudos errores tendrán las novelas desechadas.
La segunda opción es que el mercado literario se rinde primero a los requerimientos comerciales que a los literarios, haciendo que escritores de una planificada trayectoria ascendente consigan ganar el premio. Incluso, me atrevería de sugerir la ascendencia de autores socialmente bien relacionados (en lugar de literariamente bien agraciados) en una trama socioeconómica tan a la española, donde no siempre el mejor, pero sí el mejor posicionado socialmente, es quien se lleva el gato al agua. Creo que todos entendemos de lo que hablo.
…Luego nadie se ha parado a pensar en la falta de respeto a todos los que esperamos una gran aventura literaria al comprar un libro de bombo y platillo para luego ser tratados como analfabetos con un producto mediocre entre manos. Sería patético incluso tener que sopesar si todo esto, en unos de los premios literarios más importantes del mundo y ya a nivel de cualquier lengua, tratase sólo de una mera promoción empresarial para vender más en Navidad (se falla en octubre). Absurdo, convertir un heraldo de la lengua española en un regalo de Papá Noel para quienes no saben qué regalar. Un futuro calzo para sofás que nadie ha leído.
Se me ocurre una tercera: que los equipos de trabajo de la más potente editorial de la lengua española son los que no dan la talla adecuada al cometido. Luego, autor hacia abajo y editor hacia arriba, todos y cada uno serían responsables de lo que sale al mercado.
…Buscando otros responsables, aunque indirectos (pero mucho más lógicos que un bloguero y casi autor como yo), podría incluso hablar de la (se me antoja) opaca y aletargada Real Academia de La Lengua Española, que, hablando de un mundo tan “socializado” y compadre como el español, debería darles un tirón de orejas a los editores que pudieran estar perjudicando a la materia de la que hablamos. Uno público, con los cojones que muy probablemente no tienen muchas instituciones españolas (vaya… se me fue el post de las manos… pero ahora no voy a corregir nada porque, de veras, yo tampoco tengo un equipo de corrección a la altura).
Como quiera que sea, esta crítica o no crítica de la novela de Dolores Redondo, sea justa o no (guste o no al lector), queda así porque, mientras vuelvo a hacer literatura, mientras saco tiempo de donde no lo tengo para tratar de reaprender mi pasión, es lo máximo que puedo darle a esta nueva entrada literaria porque no tengo tiempo para perderlo leyendo un regalo navideño.

Reflexionemos, pues… y no lleguemos a ninguna parte, porque, lamentablemente y que no suene a retintín, aunque tenemos una lengua preciosa capaz de expresar las más altas cotas de sentimiento humano, del mismo modo ésta habita el país que todos conocemos. Incluso, me atrevería a expresar que para nada me sorprende que la literatura española pueda no estar ajena al “proceso español”… pero, claro, hay que denunciarlo, tenemos que hablar de ello. Todos los que hablamos (y escribimos) español, debemos formar parte del proceso literario.