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martes, 20 de junio de 2017

Taller Literario nº21 El Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte

Pues sí, que vamos a mojarnos de verdad y tratar de meterle mano a una novela que infunde respeto, y quizá sea así porque su autor se ve cosa seria (gran locución, gran pasado profesional como periodista de acción, talante de caballero…). Hablamos de Arturo Pérez-Reverte. Su obra, El Capitán Alatriste, ha traspasado esas fronteras que poco tienen que ver con Los Pirineos y El Atlántico. Debe ser, quizá, porque es una novela de ficción histórica y su “hispanidad” es más bien entendida como una cruzada medieval (o casi) que puede alinearse a las aventuras de Robin Hood o los mosqueteros, o con contemporáneos de éstos y similares.

Confieso que me detuve un instante. Pensé que sugerir mejoras o hallar “debilidades” a este novelón era demasiado pedir, que iba a quedar en ridículo metiendo con calzador mis caprichadas (lo escribo en latino) y que no valía la pena ni intentarlo. Sin embargo, traicionaría mis principios si empezase a considerar un texto por todo cuanto lo rodea, en lugar de hacerlo por lo que es el texto en sí.

¡Qué diablos! Vamos a intentarlo:


ANÁLISIS INFORMAL DE “EL CAPITÁN ALATRISTE”


ORIGINAL: Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros. En todo esto Diego Alatriste se desempeñaba con holgura.
SUGERIDO: Ahora es fácil criticar eso(,) pero(,) en aquellos tiempos(,) la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros. En todo esto(,) Diego Alatriste se desempeñaba con holgura.

*   *   *

ORIGINAL: El adversario estaba ocupado largando y parando estocadas con fina esgrima, y de pronto le venía por abajo, a las tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión. Sí. Ya he dicho a vuestras mercedes que eran años duros.
SUGERIDO: El adversario estaba ocupado largando y parando estocadas con fina esgrima (coma eliminada) y(,) de pronto(,) le venía por abajo, a las tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión. Sí (punto eliminado, sustituido por coma), ya he dicho a vuestras mercedes que eran años duros.
Nota: Creo que, en narrativa, la información que transmite un “sí” debe ser ampliada de forma inmediata.

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ORIGINAL: El mote venía de antiguo: cuando, desempeñándose de soldado en las guerras del rey, tuvo que cruzar una noche con otros veintinueve compañeros y un capitán de verdad cierto río helado, imagínense, viva España y todo eso, con la espada entre los dientes y en camisa para confundirse con la nieve, a fin de sorprender a un destacamento holandés. Que era el enemigo de entonces porque pretendían proclamarse independientes, y si te he visto no me acuerdo.
SUGERIDO: El mote venía de antiguo (dos puntos eliminados, sustituidos por coma), cuando, desempeñándose de soldado en las guerras del rey, tuvo que cruzar una noche con otros veintinueve compañeros y un capitán de verdad cierto río helado (coma eliminada, sustituida por punto y coma); imagínense, viva España y todo eso, con la espada entre los dientes y en camisa para confundirse con la nieve, a fin de sorprender a todo un destacamento holandés… que era el enemigo de entonces porque esos necios de cuidado pretendían proclamarse independientes (coma eliminada) y si te he visto no me acuerdo.
Nota: Se ha añadido todo un destacamento para dar impresión de que el enemigo es más numeroso. Que es una gran hazaña, vamos. El texto parece confirmar, más adelante, que estos españoles dependían de unos refuerzos que nunca llegaron, aunque, siendo sincero, tampoco se aclara si aun así estarían a la par con el enemigo. Esta sugerencia debería ser sólo eso, una sugerencia a negociar. Aparte, se ha añadido necios de cuidado para redondear la idea de quién estamos hablando y la consideración que nos merece. 


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ORIGINAL: Volviendo al capitán, la idea era sostenerse allí, en la orilla de un río, o un dique, o lo que diablos fuera, hasta que al alba las tropas del rey nuestro señor lanzasen un ataque para reunirse con ellos. Total: que los herejes fueron debidamente acuchillados sin darles tiempo a decir esta boca es mía.
SUGERIDO: Volviendo al capitán, la idea era sostenerse allí, en la orilla de un río, o en un dique, o lo que diablos fuera, hasta que al alba las tropas del Rey Nuestro Señor lanzasen un ataque para reunirse con ellos. Total(,) que los herejes fueron debidamente acuchillados sin darles tiempo a decir esta boca es mía.
Nota: Este párrafo en realidad debería ir punto y aparte. Se entiende con el texto analizado todo de una vez, no en estas pequeñas secciones de texto. Por lo demás, ¿quizá Rey en mayúscula y el mote del mismo rey en cursiva? No lo sé, pero lo sugiero.


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ORIGINAL: Y para que se hagan idea vuestras mercedes, sólo dos españoles consiguieron regresar a la otra orilla cuando llegó la noche. Diego Alatriste era uno de ellos, y como durante toda la jornada había mandado la tropa —al capitán de verdad lo dejaron listo de papeles11 en la primera escaramuza, con dos palmos de acero saliéndole por la espalda—,12 se le quedó el mote, aunque no llegara a disfrutar ese empleo.
SUGERIDO: Y(,) para que se hagan idea vuestras mercedes, sólo dos españoles consiguieron regresar a la otra orilla cuando llegó la noche. Diego Alatriste era uno de ellos, y(,) como durante toda la jornada había mandado la tropa —al capitán de verdad lo dejaron listo de papeles11 en la primera escaramuza, con dos palmos de acero saliéndole por la espalda—,12 se le quedó el mote, aunque no llegara nunca a disfrutar ese empleo.
Nota: Aquí se han colado los números de nota a pie de página, que, la verdad, son tediosos. Hay que acostumbrarse a ellos, porque serán abundantes. Luego lo explico. Al añadir nunca ampliamos la paradoja del mote.


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ORIGINAL: …le juró ocuparse de mí cuando fuera mozo. Ésa es la razón de que, a punto de cumplir los trece años, mi madre metiera una camisa, unos calzones, un rosario y un mendrugo de pan en un hatillo16, y me mandara a vivir con el capitán, aprovechando el viaje de un primo suyo que venía a Madrid.
SUGERIDO: … le juró ocuparse de mí cuando yo fuera mozo. Ésa es la razón de que, a punto de cumplir los trece años, mi madre metiera una camisa, unos calzones, un rosario y un mendrugo de pan en un hatillo16 (coma eliminada) y me mandara a vivir con el capitán, aprovechando el viaje de un primo suyo que venía a Madrid.
Nota: resolvemos ambigüedad añadiendo yo, porque no es Alatriste quien llega a ser mozo.


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ORIGINAL: …que recordaba a Diego Alatriste sus compromisos y su amistad con el difunto. Recuerdo que cuando entré a su servicio había transcurrido poco tiempo desde su regreso de Flandes, porque una herida fea que tenía en un costado, recibida en Fleurus18, aún estaba fresca y le causaba fuertes dolores; y yo, recién llegado, tímido y asustadizo como un ratón, lo escuchaba por las noches, desde mi jergón, pasear arriba y abajo por su cuarto, incapaz de conciliar el sueño.
SUGERIDO: …que recordaba a Diego Alatriste sus compromisos y su amistad con mi difunto padre. Recuerdo que(,) cuando entré a su servicio(,) había transcurrido poco tiempo desde su regreso de Flandes (coma eliminada) porque una herida muy fea que tenía en un costado, recibida en Fleurus18, aún estaba fresca y le causaba fuertes dolores; y yo, recién llegado, tímido y asustadizo como un ratón, desde mi jergón lo escuchaba por las noches pasear arriba y abajo por su cuarto (coma eliminada) absolutamente incapaz de conciliar el sueño.
Nota: Nótese que hemos cambiado de sitio mi jergón y hemos añadido absolutamente para enlazar mejor y sin comas. Con estos pequeños detalles ganamos fluidez. Añadimos muy fea para recalcar.


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ORIGINAL: Ha pasado muchísimo tiempo y me embrollo un poco con las fechas. Pero la historia que voy a contarles debió de ocurrir hacia el año mil seiscientos y veintitantos, poco más o menos.
SUGERIDO: Ha pasado muchísimo tiempo y me embrollo un poco con las fechas (punto eliminado y sustituido por coma), pero la historia que voy a contarles debió de ocurrir hacia el año mil seiscientos y veintitantos, poco más o menos.


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ORIGINAL: Es la aventura de los enmascarados y los dos ingleses, que dio no poco que hablar en la Corte, y en la que el capitán no sólo…
SUGERIDO: Es la aventura de los enmascarados y los dos ingleses, que dio no poco que hablar en la Corte (coma eliminada) y en la que el capitán no sólo…


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ORIGINAL: Me refiero al secretario del rey nuestro señor, Luis de Alquézar21, y a su siniestro sicario italiano, aquel espadachín callado y peligroso que se llamó Gualterio Malatesta22, tan acostumbrado a matar por la espalda que cuando por azar lo hacía de frente se sumía en profundas depresiones, imaginando que perdía facultades.
SUGERIDO: Me refiero al secretario del Rey Nuestro Señor, Luis de Alquézar21, y a su siniestro sicario italiano, aquel espadachín callado y peligroso que se llamó Gualterio Malatesta22, tan acostumbrado a matar por la espalda que(,) cuando por azar lo hacía de frente(,) se sumía en profundas depresiones (coma eliminada) imaginando que quizá estaba perdiendo facultades.



FIN DEL ANÁLISIS



En fin, parece que nada es inefable. Siempre hay alguna cosita, y, si debo ser sincero, me esperaba la perfección… y de todas maneras no me sorprende no haberla encontrado. Estoy un poco perdido, y tengo cierto sabor agridulce. Y no soy hipócrita, sino que el ambiente que rodea la obra, y su cariz de clásico por adelantado, me condicionó a priori como acaso este tipo de avales imaginarios deben estar confundiendo a muchos lectores (ojo, a nivel de la narrativa, no de la historia). Es cierto que no se debe dar nada por sentado hasta que uno no entra en materia. Es decir, siempre hablando de lo que solemos hacer en este blog, que es hallar un camino más fluido a la comunicación escrita.

Mis impresiones personales son: que el narrador suelta casi todo “el refranero” a bote pronto, quizá demasiado forzado; que la obra parece un poquito barullenta, muy prieta… tal vez necesitada de un poco más de uso del punto y aparte; y que los personajes se dan a conocer en un espacio demasiado corto de tiempo (sí, la literatura también tiene su propio espacio-tiempo).

En mi caso, este primer capítulo analizado proviene de una edición especial anotada por Alberto Montaner. Es decir, con abundante pie de página. De hecho, tan abundante que el pie de página casi duplica la materia escrita de la obra, lo que es un verdadero tedio. Y no adoro especialmente los pie de página, pero éstos se podrían haber amenizado mucho más. Son casi inleíbles. Supongo que quedan ahí para los grandes amantes del género (por no decir frikis del tema, que queda muy mal y seguramente no es del todo correcto), aunque quizá babosee un poco la temática y supongo que la obra, a solas, causa mejor impresión.

De todos modos y ya sobre la base literaria, y aun cuando, y contra todo pronóstico, es un material mejorable (a nivel de fluidez), valga la pena decir que bienvenido sea al mundo de las aventuras El Capitán Alatriste porque llena un hueco histórico (el español) muy alejado de la literatura popular en el mundo (me refiero a la literatura voluntaria, no la de instituto). Enhorabuena.


sábado, 29 de abril de 2017

Taller Literario nº19 Premio Primavera de Novela 2017 (No soy un monstruo, de Carme Chaparro)

Las sugerencias que puedan hacerse para redondear un texto no deben responder a un criterio caprichoso o personal. La verdadera mejora de estilo debe residir en demostrar de forma aceptable que las modificaciones realizadas en la escritura aportan una mejor fluidez en las letras, un orden adecuado o la transmisión más precisa e inequívoca de la idea que el escritor quiere plasmar en su trabajo, entre otros aspectos. La “calidad” de la historia pertenece a la crítica, y en este caso queda al margen.  
Hoy trabajamos un texto de una autora en su primera novela, la que, ni más ni menos, ha ganado este año 2017 el prestigioso Premio Primavera. 
Menuda forma de empezar una carrera literaria. La novela es No soy un monstruo, de una de nuestras periodistas favoritas, Carme Chaparro.
Hablamos de un texto que se ha impuesto entre 1125 novelas presentadas a concurso, y que ha sido examinado a lupa por un meticuloso jurado encabezado por una “letra” de La Real Academia Española, la señora Carme Riera. Del resto de ese jurado también cabe echarse a temblar si añadimos directores de periódicos de renombre, escritores consagrados y críticos literarios, entre otras profesiones vinculadas directamente al mundo de la cultura.

El texto original aparece en negro.
Las mejoras/sugerencias, en rojo.
Los textos fuera de lugar, en azul.

Empecemos:


Original: En las películas americanas siempre hay donuts. Los donuts son lo primero que delata que aquello es una reunión de adictos. Al alcohol. Al amor. Al fracaso. Cuando la cámara se mueve por el interior de una habitación iluminada por la patética luz de fluorescentes y con olor a orina rancia —la orina no se huele a través de la pantalla, pero tú intuyes que está ahí; te llega ácida y vomitiva como si estuvieras metiendo la nariz en un urinario público—, sabes que alguien va a confesar la vergüenza oculta de su vida.

Sugerido: En las películas americanas siempre hay donuts. Los donuts son lo primero que delata que esto es una reunión de adictos. Adictos al alcohol, al amor, al fracaso… Cuando la cámara se mueve por el interior de una habitación iluminada por la patética luz de fluorescentes y con olor a orina rancia —la orina no se huele a través de la pantalla, pero tú intuyes que está ahí; te llega ácida y vomitiva como si estuvieras metiendo la nariz en un urinario público—, sabes que alguien va a confesar la vergüenza oculta de su vida.

Nota: El texto eliminado no coincide. La idea de estos párrafos es que en una sesión de adictos habrá quien cuente sus más íntimos y escabrosos secretos, pero la forma de introducir esa idea rompe completamente la trayectoria del texto. En sólo dos párrafos parece que hemos cortado y pegado textos de un libro a otro, o de una parte del libro a otra. Hemos saltado de una perspectiva de una sesión de adictos a una especie de cámara de los horrores visualizada, valga la redundancia, a través de una cámara televisiva.
Nota segunda: puntualizar que la luz de un fluorescente es patética por mera esencia no coincide con la idea general del público. Para convertir un elemento común en un elemento de tensión, como es este caso, hay que justificarlo. La sensación final es de una habitación perfectamente iluminada por luz de fluorescentes y que el narrador siente repulsión enfermiza por ese tipo de iluminación.   

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Original: Pero estamos en España, y aquí, para empezar, no hay donuts en las terapias. Lo bueno es que no corremos el riesgo de acabar montando un Diabéticos Anónimos. Si aquí terminas en un grupo de ayuda de las cuatro Aes —Anónimos Adictos A Algo—, lo más probable es que la tragedia por la que estás pasando sea tan grande que asistir a esas reuniones se convierta en la última alternativa a tu suicidio; lo último que pruebas antes de encerrarte en casa con una botella de whisky del bueno y dos botes de esas pastillas que deberían estar ayudándote a superarlo —eso al menos te asegura tu médico—, pero no. No te ayudan.

Sugerido: Pero estamos en España y, aquí, para empezar, no hay donuts en las terapias y lo bueno de no tener donuts en las terapias es que no corremos el riesgo de acabar montando una de Diabéticos Anónimos. Y, si aquí terminas en un grupo de ayuda de las cuatro Aes —Anónimos Adictos A Algo—, lo más probable es que la tragedia por la que estás pasando sea tan grande que asistir a esas reuniones se convierta en la última alternativa a tu suicidio; es lo último que pruebas antes de encerrarte en casa con una botella de whisky del bueno, que sea desgarrador, y dos botes de esas pastillas que deberían estar ayudándote a superarlo —eso al menos te asegura tu médico—. Pero no, no te ayudan.

Nota: Se han añadido las íes griegas para enlazar mejor el texto sin tener que reestructurarlo demasiado.
Nota segunda: Se ha añadido una apreciación aleatoria al whisky para que no quede sólo por whisky de buena calidad, porque es obvio que estamos tratando de transmitir la idea de alta graduación de alcohol.

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Original: Todos los que están aquí hoy conmigo querrían estar muertos. Mejor muertos que en esta sala. Mejor incluso en el infierno —que es lo que algunos creen merecer— que aquí y ahora.

Sugerido: Y, todos los que están aquí hoy, conmigo, querrían estar muertos. Mejor muertos que en esta sala. Mejor incluso en el infierno —que es lo que algunos creen merecer— que aquí, y ahora.

Nota: Se ha continuado una vez más con la í griega para enlazar aún más el texto. Cópiese todo junto y léase de golpe y se notará el efecto.

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Original: Echemos un vistazo a la sala. Por ejemplo, a ese hombre, ese hombre calvo y redondo que se ha puesto una sudadera de alguien treinta años más joven y unos pantalones de alguien veinte años más viejo, como si él mismo estuviera hecho de retales de diferentes personas. No puede ni abrir los ojos. ¿Hace cuánto que no fija la mirada en nada? ¿Hace cuánto que no pone un pie delante de otro porque de verdad quiere ir a algún sitio y no porque se deja llevar? ¿Hace cuánto que no coge algo —aunque sea un vaso de agua— queriendo realmente agarrarlo, con una orden directa de su cerebro a su mano —tienes sed, alarga el brazo, haz pinza con los dedos, coge el vaso, acércatelo a la boca, bebe—? Si pudiéramos meternos en su cabeza, veríamos que todo está (des)ocupado por un vacío inmenso, un hueco por el que no dejan de resonar las mismas ondas, rebotando en cascada de un extremo a otro del cráneo, una tras otra. De vez en cuando el pensamiento se queda suspendido en el ojo del huracán —no sabe, no se acuerda, no desgarra—, pero solo es una ilusión de vientos débiles y cielos despejados. El temporal en el que vive no le da tregua. Fue culpa tuya. Fue culpa tuya. No mereces vivir.

Sugerido: Echemos un vistazo a la sala. Por ejemploa ese hombre, ese hombre calvo y redondo que se ha puesto una sudadera de alguien treinta años más joven y unos pantalones de alguien veinte años más viejo, como si él mismo estuviera hecho de retales de diferentes personas. No puede ni abrir los ojos. ¿Hace cuánto que no fija la mirada en nada? ¿Hace cuánto que no pone un pie delante de otro porque de verdad quiere ir a algún sitio y no porque se deja llevar? ¿Hace cuánto que no coge algo —aunque sea un vaso de agua— queriendo realmente agarrarlo, con una orden directa de su cerebro (texto eliminado) —tienes sed, alarga el brazo, haz pinza con los dedos, coge el vaso, acércatelo a la boca, bebe—? Si pudiéramos meternos en su cabeza (coma eliminada) veríamos que todo está (des)ocupado por un vacío inmenso, un hueco por el que no dejan de resonar las mismas ondas, rebotando en cascada de un extremo a otro del cráneo, una tras otra. De vez en cuando el pensamiento se queda suspendido en el ojo del huracán —no sabe, no se acuerda, no desgarra—, pero solo es una ilusión de vientos débiles y cielos despejados. El temporal en el que vive no le da tregua. Fue culpa tuya. Fue culpa tuya. No mereces vivir.

Nota: Se ha eliminado de su cerebro a su mano porque eso ya queda implícito en las letras de a continuación.
Nota segunda: Las palabras que el sujeto se dice a sí mismo es mejor ponerlas en cursiva para saber que no son exactamente del narrador.

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Original: O esa chica joven de pelo grasiento, la que lleva unos pantalones tan grandes que cabría entera en una sola de las perneras. ¿Cuánto hace que no piensa en ella como un ser humano? Me fijo en que agarra su bolso tan fuerte que la sangre no le llega a las manos, como si ese objeto fuese su único asidero a la vida y sin él, sin estar agarrada a él, fuera a caer irremediablemente hacia el agujero negro del que está intentando salir. ¿Qué le habrá pasado? Es casi una niña. Debería darme pena.

Sugerido: O esa chica joven de pelo grasiento, la que lleva unos pantalones tan grandes que cabría entera en una sola de las perneras. ¿Cuánto hace que no piensa en ella como (texto eliminado) ser humano? Me fijo en que agarra su bolso tan fuerte que la sangre no le llega a las manos, como si ese objeto fuese su único asidero a la vida y, sin él, sin estar agarrada a él, fuera a caer irremediablemente hacia el agujero negro del que está intentando salir. ¿Qué le habrá pasado? Es casi una niña. Debería darme pena.

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Original: ¿Qué hago yo aquí, pues? ¿Qué hago yo aquí en medio de estas almas en pena y cuando aún no lo necesito? Mi editor —sí, maldición, tengo un editor— ha pensado que una terapia así es el lugar ideal para encontrar inspiración para mi próximo libro. Tras el éxito mundial de mi primera novela, Un bosque espeso, no hace más que presionarme para que vuelva a escribir.

Sugerido: ¿Qué hago yo aquí, pues? ¿Qué hago yo aquí, en medio de estas almas en pena y cuando sé que no lo necesito? Mi editor —sí, maldición, tengo un editor— ha pensado que una terapia como esta es el lugar ideal para encontrar la inspiración para mi próximo libro. Tras el éxito mundial de mi primera novela, Un bosque espeso, no hace más que presionarme para que vuelva a escribir.

Nota: Se ha sustituido cuando aún no lo necesito porque el resto del texto, al menos el que se alcanza a analizar aquí, no aclara si la escritora acude a terapia porque se sospecha que algún pueda necesitarla para otro propósito que solamente escribir. No es, pues, potencialmente una adicta. Si lo fuere o llegara a serlo a lo largo de la novela habría que darlo a entender aquí, aún sutilmente.

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Original: A veces me obsesiono tanto que he llegado a creer que ha sobornado a algunas de las personas con las que me cruzo cada día. Últimamente creo que son las mujeres de la limpieza de la oficina, que me miran de una manera hostil mientras empujan los carros cargados de productos tóxicos. Escribe otro libro. Escribe otro éxito. Escribe otra máquina de hacer dinero.

Sugerido: A veces me obsesiono tanto, que he llegado a creer que hasta ha sobornado a algunas de las personas con las que me cruzo cada día para que me convenzan de que escriba. Últimamente creo que son las mujeres de la limpieza de la oficina, las que me miran de una manera hostil mientras empujan sus carros cargados de productos tóxicos. Escribe otro libro. Escribe otro éxito. Escribe otra máquina de hacer dinero.

Nota: Es importante explicar para qué ha sobornado el editor a las personas. De la forma original no es explícito que lo haya hecho para convencer a la protagonista de que escriba.

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Original: Primero fue algo suave, sutil y educado. Ahora tengo la sensación de que mi editor estaría dispuesto a casi cualquier cosa si eso me diera alguna idea para un nuevo best seller. A veces me pregunto hasta dónde sería capaz de llegar por proporcionarme un hilo argumental. Y por mucho que le repito que yo solo tuve un libro dentro y que nunca seré capaz de escribir nada más, él —ellos en realidad, toda la editorial— insiste en que soy capaz y en que solo tengo que encontrar el click que transforme mi MacBook en un procesador de textos con diarrea. Pero yo no tengo ideas. Tuve una y ya está. Fue un libro y ya está.

Sugerido: Mi editor… Primero fue algo suave, sutil y educado. Ahora tengo la sensación de que (texto eliminado) estaría dispuesto a casi cualquier cosa si eso me diera alguna idea para un nuevo best seller. A veces me pregunto hasta dónde sería capaz de llegar por proporcionarme un hilo argumental. Y, por mucho que le repita que yo solo tuve un libro dentro y que nunca seré capaz de escribir nada más, él —ellos en realidad, toda la editorial— insiste en que soy capaz y en que solo tengo que encontrar el click que transforme mi MacBook en un procesador de textos con diarrea. Pero yo no tengo ideas. Tuve una y ya está. Fue un libro, y ya está.

Nota: Al principio del texto introducimos al editor para que se sepa que estamos hablando de él. Lo eliminamos a continuación.
Nota segunda: Hablar de diarrea para con una alta productividad literaria tiene todo el sentido del mundo si el personaje que narra es mordaz y ácido, aún más que en estas primeras letras. Si el personaje continúa en esa línea es completamente correcto. Si no lo es, esto está fuera de lugar.

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Original: En fin, que por eso he acabado aquí, para que mi editor me deje tranquila un tiempo. Si cree que estoy trabajando en algo, se calmará.
Pero no es fácil hacer cosas como esta. Siempre corro el riesgo de que me reconozcan. Y no me conviene, no aquí y no en este momento. Si saben quién soy, no me dejarán quedarme. He ensayado varias veces con pelucas y postizos, para otros trabajos anteriores. De hecho, hoy me he puesto lentillas oscuras y una peluca rubia corta. Con una base de maquillaje amarilla y un poco de corrector morado en las ojeras parezco incluso algo frágil, como si supurara tristeza por la piel.

Sugerido: En fin, que por eso he acabado aquí, para que mi editor me deje tranquila un tiempo. Si cree que estoy trabajando en algo, se calmará.
Pero no es fácil hacer cosas como esta. Siempre corro el riesgo de que me reconozcan. Y no me conviene. No aquí y no en este momento. Si saben quién soy, no me dejarán quedarme. He ensayado varias veces con pelucas y postizos (coma eliminada) para otros trabajos anteriores. De hecho, hoy me he puesto lentillas oscuras y una peluca rubia corta. Con una base de maquillaje amarilla y un poco de corrector morado en las ojeras, parezco incluso algo frágil, como si supurara tristeza por la piel.

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Original: En consonancia con el ambiente.
Y aunque me he hecho pasar por otras personas, siempre hay un detalle que acaba delatándome: la voz. Es algo tan característico que no puedo disimularlo. Las eses al final de las palabras me patinan con un sonido especial, como si no supiera parar a tiempo el fonema y me resbalara por entre los dientes cual cobertura de chocolate caliente sobre una bola de helado. Árboleszsz. Cosaszsz. Ni mi logopeda ha podido corregírmelo. Dice, además, que es mi toque característico, que me da personalidad. Así que tendré que estar callada. Al menos en la sesión de hoy.

Sugerido: En consonancia con el ambiente.
Y, aunque me he hecho pasar por otras personas, siempre hay un detalle que acaba delatándome: la voz. Es algo tan característico que no puedo disimularlo. Las eses al final de las palabras me patinan con un sonido especial, como si no supiera parar a tiempo el fonema y me resbalara por entre los dientes cual cobertura de chocolate caliente sobre una bola de helado. Árboleszsz. Cosaszsz. Ni mi logopeda ha podido corregírmelo. Dice, además, que es mi toque característico, que me da personalidad. Así que tendré que estar callada. Al menos en la sesión de hoy.

Nota: En consonancia con el ambiente queda completamente aislado. Debe ir en el párrafo anterior. No se entiende.

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Original: Afortunadamente, no hay donuts alrededor de los que iniciar una charla. Y afortunadamente también, el director de la terapia es puntual y va directo al grano. O quizá es que no le apetece mucho estar aquí y quiere acabar cuanto antes, alejarse de estas almas ancladas al infierno, no sea que le vayan a arrastrar a él también.

Sugerido: Afortunadamente, no hay donuts alrededor de los que iniciar una charla. Y, afortunadamente también, el director de la terapia es puntual y va directo al grano. O quizá es que no le apetece mucho estar aquí y quiere acabar cuanto antes, alejarse de estas almas ancladas al infierno, no sea que le vayan a arrastrar allí a él también.

Nota: Quizá abría que buscar otro lugar distinto al infierno, pues ya se ha nombrado antes.


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Original:
—¿Podéis ir tomando asiento, por favor? —nos pide el psicólogo con voz melosa.
Lo he investigado antes de venir. Soso en Facebook: solo fotos de platos de comida, calles de Madrid y algún que otro libro. Un solitario de manual. Un triste. Espero tenerlo fácil en caso de que necesite sacarle información.
—¿Podéis ir tomando asiento?
Y nos sentamos.

Sugerido:
—¿Podéis ir tomando asiento, por favor? —nos pide el psicólogo con voz melosa.
Lo he investigado antes de venir. Soso en Facebook: solo fotos de platos de comida, calles de Madrid y algún que otro libro. Un solitario de manual. Un triste. Espero tenerlo fácil en caso de que necesite sacarle información.
—¿Podéis ir tomando asiento?
Y, tras idas y venidas, nos terminamos sentando.

Nota: Nótese que la palabra psicólogo no se ha sustituido. El director de la charla (párrafo anterior) y el psicólogo no parecen la misma persona. En el momento de citar al director, hay que citar que a la vez es psicólogo. Ya entonces se introducen todos sus datos descriptivos.
Nota segunda: Se ha añadido una forma aleatoria para explicar que la gente de la terapia no se sienta de golpe y sí de forma desordenada (el psicólogo se tiene que reiterar), pues esa era la impresión que se ha dado con el texto original.


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Original: Sin mirarnos. Encogidos. Avergonzados de nosotros mismos. O quizá avergonzados de lo que vamos a escuchar, como si fuéramos viejas cotillas poniendo el oído junto a un confesionario. Derretidos de placer y sonrojo.
—Hoy Lucía quiere contarnos algo, ¿verdad?
La chica del bolso empieza a hablar.
Y yo no tendría que haber escuchado lo que ella estaba a punto de contarnos.

Sugerido: Sin mirarnos. Encogidos. Avergonzados de nosotros mismos. O quizá avergonzados de lo que vamos a escuchar, como si fuésemos viejas cotillas poniendo el oído junto a un confesionario. Derretidos de placer y sonrojo.
—Hoy Lucía quiere contarnos algo, ¿verdad?
La chica del bolso empieza a hablar… y yo no tendría que haber escuchado lo que ella estaba a punto de contarnos.


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Fin del análisis.

Conclusión:

En general, el lector capta la idea de lo expuesto, pero el texto deja cierta sensación de desorden. Se entiende perfectamente lo que se quiere expresar, pero quizá el medio de enlace de una frase a la otra, incluso de una exposición a la otra, no está perfectamente ligado y hay… “trompicones”. Por eso me he permitido añadir alguna que otra introducción.
Por otro lado, es muy común en obras primerizas que se olvide que el lector no tiene por qué saber qué tiene el escritor en mente. El único medio de transmitir esa idea es el texto, por lo que si no se tiene cuidado hay cosas que pueden quedar en el tintero.
Sin embargo, hay grandes virtudes en la escritura. Analizar al psicólogo a través de Facebook es un buen punto, como lo que el tipo gordo tiene y no tiene en mente, como acaso ese bolso como pequeño salvavidas. Seguro que la novela guarda más sorpresas y virtudes con este cariz crítico y mordaz.
Por lo demás, y a tenor de las pocas frases analizadas, el texto absoluto debería trabajarse un poco para mejorar, moviendo frases a su lugar adecuado, restando texto para sumar en velocidad y comprensión, añadiendo, quitando o moviendo comas de sitio, etc.

Sí es un texto consecuente con una primera novela, como ya he leído en varios blogs. Enhorabuena de todos modos.

sábado, 24 de enero de 2015

Taller Literario (artículo nº 7) El talento


El talento

 


Jamás me atrevería a sugerir que, literariamente hablando, tengo el talento de mi mano. Espero no caer en ese absurdo; llegado el caso, es la gente la que debe decir eso, no yo.

Harina de otro costal sería hablar de predisposición, tendencia, atracción… aunque luego, a base de escribir páginas y más páginas, termines por ni hallarle el instinto literario a tu ADN.

Por ahora, comienzo este artículo diciendo que nadie le quite al que escribe todo eso, sus ánimos por las letras. Ya germinará el resultado de años en blanco, en gris o en negro, guste o no guste a los que deben decidir quién tiene talento y quién no. Porque, si bien es cierto que la calidad es subjetiva, la cantidad sí que puede medirse y hay gente con un ánimo infinito por comunicarse, hágase bien o hágase mal.

Eso, evidentemente, no es talento. Es una virtud diferente. Entretanto, y sin reivindicarme en nada, siguiendo en la línea de los que nacen con la predisposición hacia una materia determinada, me he sorprendido una y mil veces viendo documentales biográficos sobre toda suerte de actores, cómicos y cantantes para descubrir que, en su tierna niñez, quien no se enrolaba en las funciones de teatro del colegio, acaso alegraba las fiestas familiares con sus gracias o ya cantaba en la ducha. No sé si eso es talento o no, pero seguro que sí que es una predisposición natural.

En ese momento, justo en ese momento, y sin llegar a hablar de talento, es cuando recuerdo que de los deberes escolares solía olvidarme de muchos, pero seguro que llevaba a clase al día siguiente, con una orgullosa sonrisa en los labios, todas y cada una de tantas y cuantas redacciones hiciesen falta.

Sigue sin ser talento, pero sí que es predisposición. Aún gustaba de mecanografiarle a mi padre los presupuestos de su trabajo, y, después de teclear mis primeras aventuras en una máquina de escribir mecánica, llevado por ese instinto de charlatán de letras adquirí de mis propios medios, ya en la adolescencia, una de las primeras máquinas de escribir cargaditas de electrónica que me permitía indagar los resultados de lo escrito, previamente al papel, en una pequeña pantalla digital.

Mucho ha llovido desde entonces, y puede que aún no haya despertado mi comunión con la letra… como seguramente no haya enlazado el vínculo más importante, el del lector. Porque, hoy por hoy, sin menospreciar el trabajo de nadie y a sabiendas que seguramente el mío aqueja sus muchos errores, me sorprendo que el talento y el éxito no siempre están de la mano… o acaso me equivoco y el talento no tiene nada que ver con la forma de expresar ideas, sino en las ideas en sí.

No soy quién para criticar el trabajo ajeno, máxime cuando el mío palidece de soledad, pero a menudo me doy con la palma en la frente viendo que algunos textos más que venerados enredan toda clase de… de… me cuesta decirlo, pero hay que hacerlo: de mediocridad. No sé si me meto en aguas pantanosas, pero no sé definir si acaso el lector de hoy es menos exigente que el de antes, o las ideas que se transmiten actualmente a través de textos más que rudimentarios son tan geniales que no precisan de un soporte respetable.

Quizá el talento resida en eso, en “conectar”. Solo conectar, tal vez. Hay escritores que pueden centrifugarse los sesos, activar todos los resortes de sus mejores recursos y apelar a la inventiva lingüística más extrema describiendo de arriba abajo la trama más ingobernable… que luego vendrá un pimpollo o una pimpolla con “cuatro letras” que se lleve el gato al agua con una historia que, simplemente, “conecta”. Es así, y ahora mismo no tengo una definición exacta para lo que significa la palabra talento.

Sí sé (o intuyo saber) qué es un producto… una bazofia, una obra maestra o un espejismo, pero lo que sí tengo claro es que nadie se pone de acuerdo dónde se encuentra el talento hasta que la masa humana, las circunstancias, la suerte o vaya uno a saber qué conjugan un todo entre letra y persona, que termina siendo todos esos referentes que los que andamos sobrados de predisposición (sirvamos o no) perseguimos con humildad desde los primeros peldaños del camino hacia el talento: la paciencia delante nuestra siempre misteriosa hoja en blanco.

martes, 25 de noviembre de 2014

Taller Literario (artículo nº1) Escribir de alguna manera

Escribir de alguna manera



Si el lenguaje es universal y todos somos iguales, ¿por qué no escribimos todos igual?

Y no me refiero a la hora de impresionar en una página en blanco ese hilo a veces casi indetectable que, como si de una huella digital se tratara, arrastra cada autor y se compromete directamente con las vivencias personales de cada cual. Yo hago referencia, en este artículo, a la impronta que el escritor quiere trasmitir con lo que escribe. Se puede escribir para transmitir generosamente una información, como para fines aún más… “oscuros”. Porque, a veces, escribir es un acto relativamente ¿pecaminoso? donde el autor pierde la que yo creo que es la verdadera brújula literaria que debe sazonar su obra.

Me explico (y lo hago con una anécdota que cambió mi perspectiva de lo que es escribir): con quince años decidí muy ilusamente que quería ser escritor. Con ese halo infantil propio de las primeras ilusiones, empecé a recopilar infinidad de palabrejas de diccionario para embellecer y culturizar lo que escribía. Para mi yo de entonces, escribir era trabajar un texto perfecto y culto, alcanzar en mis letras un estrato cultural superior al que me envolvía en mi día a día.

Solícito hasta por casualidad, recuerdo que fue mi hermano José Luis (el mayor) quien, a sabiendas de mis aspiraciones, dejó caer sobre la mesa donde yo escribía un fanzine del Ejército del Aire, destacamento donde él hacía por entonces el servicio militar. Sus palabras fueron directas y precisas, y se me grabaron en la sien como un hierro candente: ¿quieres aprender a escribir…? pues aprende. Y ahí estaba, en la página donde mi hermano había doblado la revista, el artículo del párroco del cuartel, habitual colaborador de esta revista hecha por y para soldados. Un… incentivo, que no tardé en devorar. Claro que, para que esto fuese una paradoja, tenía que tener mi indigestión al leer semejante verborrea. Juro que ni a día de hoy soy capaz de transcribir lo que el párroco quería dar a saber con su artículo. El uso tan intensivo de palabrejas de diccionario hacía que me perdiera una y otra vez en su maldito mensaje cifrado.
 
Retrocedí en la silla. Medité esto. Y entonces decidí que yo no quería escribir así. El párroco no escribía para los demás, escribía para sí. El texto era, al cabo, un ejercicio simple de vanidad intelectual, habida cuenta del público al que iba dirigido (con perdón a la milicia, pero las cosas son así). Ahí aprendí que el escritor no escribe para sí, sino para los demás. De hecho, que no es escritor si él quiere, sino si así lo quieren sus lectores. Y no me refiero al éxito editorial, ni mucho menos. Me refiero a que un escritor debe ser un gran comunicador, sin más. El párroco militar estaba tan absurdamente ensombrecido por la monumental loza de piedra de la lingüística de los dioses que su mensaje se perdía irremediablemente por cada vez que un soldado pasaba de su página. Y yo no quiero eso.

Escribir, para mí, en sobretodo despertar la conciencia, la visual de nuestra mente, la imaginación, transmitir emociones… comunicar. Por eso soy un ferviente defensor de la literatura para todos y del ejercicio tenaz de buscar el modo, casi quirúrgico, de acceder a la mente del depositario de mis letras a través de una genialidad en la frase, en el momento, en un recodo de la página que nadie espera… una utopía que persigo en cada uno de mis textos, de la que debo sentirme siempre inconforme y que debo domar no con el lustre del artificio, sino con esas palabras de todos y para todos que signifiquen mucho más que ellas mismas en la cópula de un escrito sencillo pero directo, muy al alma.
Que se entienda todo. Que no haga falta un segundo libro (como un diccionario) para entender el primero. Que no solo lleguen las ideas, sino los sentimientos. Y no hablo de cursiladas (que también). Hablo de causar dolor, intriga, de no dejar indiferente a nadie. Es decir, una tarea titánica que supongo que, por cada nueva obra, trate de un nuevo horizonte aún sin explorar.
Pero, ¿cómo se hace eso?

No es fácil. Lo sencillo es poblar la página de palabrejas que sustituyan el ingenio por el bagaje. Engordar el oficio con palabras de primera categoría creo que puede llegar a esconder las verdaderas virtudes del escritor, ya que, en mi humilde opinión, lo difícil es convertir lo cotidiano en algo único y la verdadera genialidad del autor es saber usar palabras cotidianas en el momento justo para despertar al lector, para incendiar su libro, y para ello vale casi todo. Se puede humanizar un paisaje para que signifique algo más de lo que se ve a simple vista. Se pueden dar atributos imposibles a los objetos para que cobren vida. Incluso, del revés, se puede desmaterializar una personalidad para dar a entender un estado de ánimo pésimo.

En cierta ocasión, un amigo me preguntó porqué los que escribíamos dábamos atributos imposibles a las cosas, porque no todo lo llamábamos por su nombre. Mi respuesta es que somos personas, afortunadamente, y para acceder a la cabeza de una persona no podemos usar un código binario. Somos imaginativos por naturaleza y, para despertar algo más que la simple interpretación de los signos de escritura, debemos dar un pasito más allá de lo que se ve a simple vista en una página a la hora de escribir, desenmarañar su contenido por vías inesperadas. Esto no es un guión de cine, sino un tú a tú entre la mente del escritor y la del lector.

Para entender mi concepto, baste citar al gran maestro Gabriel García Márquez y pararse en algunos de sus párrafos. De sus letras casi no hay palabra que la común sociedad no pueda entender, pero, dentro, muy dentro, hay un significado realmente nuevo en su escritura a través de la génesis de frases magistrales precisamente por su genialidad y simpleza. Se aprende mucho leyéndolo, pero, paradójicamente, de igual modo se puede aprender mucho leyendo todo de todo el mundo para saber qué es lo que se debe y no se debe hacer en lo que se escribe si no queremos espantar a nuestros receptores.

Intentémoslo. Busquemos caminos alternativos al alma de los lectores a través de medios no concebidos. Solo así logra el escritor distinguirse y amenizar con su público este lazo indefinible de las preferencias. Porque, dentro de nuestras grandes semejanzas, de verdad que no somos iguales. Ahora que escribo lo entiendo.