domingo, 25 de febrero de 2024

Taller literario Nº 27 (Bajo tierra seca, de César Pérez Gellida, Premio Nadal 2024)

 Bajo tierra seca, de César Pérez Gellida, Premio Nadal 2024.


Pues ya tengo entre manos Bajo tierra seca, trabajo ganador del Premio Nadal 2024 (30.000 euros), escrita por César Pérez Gellida.

 

Vamos al lío.

 

(Descripción de un sujeto sospechoso con una cicatriz en la mejilla caminando de un lado a otro en una estación de tren).

Fragmento original: Un mono azul de faena abierto hasta el pecho sobre una camiseta de tirantes que un día fue blanca y una gorra de obrero completan su atuendo.

Sugerido: Un mono azul de faena abierto hasta el pecho sobre una camiseta de tirantes(,) que un día fue blanca(,) y una gorra de obrero completan su atuendo.

 

 

Original: Tanto de su aspecto como de su complexión física podría decirse que, si bien en sus años mozos podía presumir de ser un tipo apuesto, hoy día no hay mujer en edad de merecer que se fije en él.

Sugerido: Tanto de su aspecto como de su complexión física podría decirse que, si bien en sus años mozos presumió de ser un tipo apuesto, hoy día no habría mujer en edad de merecer que se fijase en él.

 

 

(Un guardia civil se fija en él porque le parece sospechoso).

Original: Tampoco su frenético ir y venir, más propio de un padre primerizo que de alguien que aguarda la llegada del tren.

(Nota: se entiende que el autor se refiere a un padre primerizo esperando durante el parto de su mujer o pareja, pero queda algo extraño y no sabemos a qué clase de situación de un padre primerizo se refiere. ¿Un padre primerizo… haciendo qué?).

Sugerido: Tampoco su frenético ir y venir, más propio de un padre primerizo en el parto de su esposa que de alguien que aguarda la llegada del tren.

 

 

(La pareja de guardias civiles van a por él).

Original: Sígueme —le ordena colgándose al hombro la Remington, una carabina que, igual que él, cuenta con más de veinte años de servicio.

Sugerido: Original: Sígueme —le ordena(,) colgándose al hombro la Remington, una carabina que, igual que él, cuenta con más de veinte años de servicio.

 

 

Original: Contrariado, el hombre de la cicatriz en el rostro busca su cédula personal en el bolsillo trasero del pantalón sin soltar la bolsa, detalle que no se les escapa a los guardias. El cabo Aguado consiente que sea Lobito quien la compruebe, como si él no estuviera para tareas menores.

Sugerido: Contrariado, el hombre de la cicatriz en el rostro busca su cédula (eliminar personal) en el bolsillo trasero del pantalón sin soltar la bolsa, detalle que no se les escapa a los guardias. El cabo Aguado consiente que sea Lobito quien la compruebe, como si él no estuviese para esa clase de tareas menores.

 

 

Original: Román Aguado es el primero en reaccionar alargando el brazo con la intención de agarrar al sospechoso de la solapa, pero este responde con un rápido puñetazo antes de lanzarse a las vías y cruzarlas bajo la atónita mirada de los presentes.

Sugerido: Román Aguado es el primero en reaccionar alargando el brazo con la intención de agarrar al sospechoso de la solapa, pero éste responde con un rápido puñetazo antes de lanzarse a las vías y cruzarlas bajo la atónita mirada de los presentes.

NOTA: Según la normativa actual de la Real Academia Española (RAE) establecida desde 2010 en la Ortografía de la lengua española, los pronombres demostrativos "éste", "ésta", "éstos", "éstas" (y sus equivalentes en masculino y plural) ya no deben llevar tilde en la mayoría de los contextos.

¡Qué pena! Otra adaptación al mundo actual para facilitar el acceso a la lengua, como a tantas otras cosas y que nada nos cueste un poco más de esfuerzo.

 

 

 

Original:  Dos posibilidades se le plantean: seguir corriendo hacia la tapia que rodea la estación, saltarla y tratar de despistar a su perseguidor en el entramado de callejuelas; o bien colarse en el almacén abandonado de la izquierda y buscar el modo de sorprenderle y anularle.

NOTA: persecución sistemática, como una descripción de guión de cine. “…De la izquierda”, no es muy adecuado citar izquierda o derecha, ya que no tiene sentido adónde esté situado, siendo un “valor” intrascendente que comunicar al lector.

 

 

Original: Lobito, que lo ha visto entrar, desenfunda su revólver y lo amartilla antes de echar un vistazo sin asomar demasiado la cabeza. Dentro, la penumbra reinante parece luchar contra las zonas iluminadas por los rayos de sol que se filtran a través de las muchas imperfecciones de la cubierta. El descenso de temperatura es lo primero que nota el guardia civil al poner las botas en el suelo, cubierto por una fina capa de polvo sobre la que se han impreso las huellas del calzado de Padilla.

Sugerido: Original: Lobito, que lo ha visto entrar, desenfunda su revólver y lo amartilla antes de echar un vistazo sin asomar demasiado la cabeza. Dentro, la penumbra reinante parece luchar contra las zonas iluminadas por los rayos de sol que se filtran a través de las muchas imperfecciones de la cubierta. El descenso de temperatura es lo primero que nota el guardia civil al poner las botas dentro, en un suelo cubierto por una fina capa de polvo sobre la que se han impreso las huellas del calzado de Padilla.

NOTA: en el original nunca dice que ha entrado. Parece que el personaje estaba volando y al fin aterrizó, o algo así.

 

 

(El autor quiere introducir el desayuno del guardia civil, que pronto tomará protagonismo cuando lo vomite al ser pateado en el estómago)

Original: Hay días, como hoy, en que la suerte le sonríe y ha podido hincar el tenedor en unas migas que sobraron de la cena, y, quizá distraído en las reminiscencias del ajo, el  pimentón y la panceta que aún permanecen en el paladar, Lobito no se percata de un movimiento que se produce a su espalda.

NOTA: O sea, el guardia civil está en plena persecución y se distrae un segundo por el sabor del desayuno en su boca… Extraño, y algo cómico. En general, la persecución

 

 

Original: Acurrucado en posición fetal, logra evitar los daños severos que las primeras patadas le habrían provocado en la cabeza, no así los causados por las tres siguientes, en el estómago y el bajo vientre. Lo último que recordará el guardia civil Pedro Lobato, alias Lobito, será que las migas recorrieron el mismo camino pero en sentido contrario antes de salir de su boca.

Sugerido: En posición fetal y protegiéndose  la cabeza, logra evitar las severas heridas que las primeras patadas le habrían provocado en el rostro, quizá hasta en el cráneo, pero no así los traumatismos causados por las tres siguientes en el estómago y el bajo vientre. Lo último que recordará el guardia civil Pedro Lobato, alias Lobito, será que las migas de su desayuno recorrieron entonces el mismo camino que en aquella mañana, pero en sentido contrario antes de salir proyectadas por su boca.

 

 

 

(Segunda posible situación cómica o extraña, ya que el villano parece que también va a vomitar al ver que el guardia civil ha vomitado).

Original: Contagiado por el olor a vómito, Jacinto Padilla no puede evitar que las náuseas y las arcadas lo sacudan, y se aparta para no vomitar sobre el rubio cabello del muchacho al que acaba de dejar inconsciente, lo cual es cuando menos paradójico, dado que ha sido capaz de consumar sin inmutarse actos que harían palidecer a cualquier ser humano.

Sugerido: Afectado por el olor a vómito, Jacinto Padilla no puede evitar que las náuseas y las arcadas lo sacudan, y se aparta para no vomitar sobre el cabello rubio del muchacho al que acaba de dejar inconsciente, lo cual es cuando menos paradójico, dado que ha sido capaz de consumar sin inmutarse actos que harían palidecer a cualquier ser humano.

 

 

Original: Tras recoger el revólver del suelo y guardarlo en la bolsa de viaje, que no piensa soltar, emprende la carrera hacia la puerta corredera que ha localizado en la esquina opuesta.

Sugerido: Tras recoger el revólver de su víctima del suelo y guardarlo en la bolsa de viaje, que no piensa soltar, emprende la carrera hacia la puerta corredera que ha localizado en la esquina opuesta.

NOTA: se da por sentado en el revólver cae de la mano del guardia civil, pero hay muchas descripciones cruciales que se podrían haber incluido en lugar de muchos detalles mundanos.

 

 

Original: Sin embargo, por esa rendija se cuela la culata de una Remington que impacta con extrema violencia en la boca de Padilla, provocando que pierda la verticalidad. De espaldas en el suelo, dolorido, introduce la mano en la bolsa buscando el arma, pero el cañón que le apunta a la cara le disuade.

Sugerido: Sin embargo, por esa rendija se cuela la culata de una Remington que le impacta con extrema violencia en la boca, provocando que pierda la verticalidad. De espaldas en el suelo, dolorido, introduce la mano en la bolsa buscando el arma, pero el cañón que le apunta a la cara le disuade.

NOTA: En toda la descripción de los hechos se habla siempre del mismo personaje, por lo tanto sobra citar su nombre otra vez ya que no hay confusión posible.

 

 

 

Aquí termina la introducción a la novela.

En general hay cosas buenas, y algunos detalles que me gustaron… como:

 

Esto: Es tener la certeza de que si ella se lo pidiera de nuevo, volvería a hacerlo sin dudarlo. Volvería a matar a sangre fría. Volvería a desmembrar un cuerpo. Volvería a alimentar a los marranos con su carne.

O esto: Como un animal salvaje enjaulado, el hombre de la cicatriz en el rostro camina de un lado a otro sin levantar la mirada de las desgastadas puntas de sus zapatos.

 

Pero… en general, el texto resulta un poco inocente y falto de personalidad, acartonado, sin sorpresas.

 

NOTA: este post ha sido inspirado en el artículo encontrado en la siguiente dirección web:




martes, 14 de noviembre de 2023

 

Sonsoles Ónega gana el Premio Planeta 2023



Mi ejercicio con esta novela no debería ser muy diferente a lo que debería haber hecho el (supuesto) jurado preliminar de selección de las obras presentadas a concurso. Y, para mí, esta novela no debería haber pasado ninguna clase de preselección. Que este texto tan malo hubiese sido publicado por la popularidad de la persona que lo ha escrito es algo muy razonable, pero no en el contexto de que, en teoría, se presentó a un concurso. Me parece imposible que entre el millar y medio de obra presentadas, esta novela tan pobre y falta de recursos de ninguna clase haya sido la mejor. 





Creo que es el límite del descaro y el mercadeo, poniendo en entredicho nuestra cultura y nuestra lengua (lo asevero porque bien que el Premio El Planeta se trata de vender como lo más de la producción literaria en español). Y ahora es cuando puede venir el que quiera, como si es el miembro más refutado de la RAE, y demostrarme que esto no es de un nivel del primer día de la persona que, de repente, decide hacerse escritor. Da igual que la autora haya escrito antes. No hay “triquiñuelas”, ingenio, fuerza, nada que me haga seguir leyendo lo que en otros autores me hace estar al pie del cañón solo para disfrutar de cómo escriben (a veces sin importarme qué están contando). Tampoco me vale que la autora se haga la víctima antes las “críticas prematuras”, porque las verdaderas víctimas son todas esas personas que han enviado sus (seguramente) mejores trabajos sin ninguna posibilidad de ganar nada. 

viernes, 5 de marzo de 2021

Heroínas desde un trastorno mental

 

Tiene todo el sentido del mundo que los autores escriban sobre temas que no les tocan directamente. Evidentemente, Stephen King no tiene por qué haber tenido experiencias paranormales para escribir sobre ello, por ejemplo. Volviendo a la realidad, autores de series sobre crímenes o de conflictos bélicos no han estado en esos escenarios

No importa. Las personas tenemos un gran sentido de la empatía para llenar esos vacíos. 

En este caso, estos tres ejemplares están basados en las experiencias personales del autor, quien vive de cerca, muy de cerca, situaciones extremadamente similares a estas tres obras de ficción.

Vamos a ello:


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Lili ha sido concebida para salvar la vida de su hermana. Es uno de esos llamados “niños medicina”. Al menos, así lo siente ella. Ese parecer la acompañará el resto de su vida, cuando crezca pensando que su lugar en el mundo no le pertenece, que no ha nacido con un derecho natural. Eso la hará estar ligada irremediablemente a la muerte, a un vaivén de seducción con la fatalidad.

Tapa blanda: precio inferior a 15



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Estoy al borde del colapso, aunque la verdad es que no deseo otra cosa.Quiero acabar con todo. Quiero que todo termine.Sin embargo, tengo un problema: mi psiquiatra, el doctor Haggar, no me lo va a poner tan fácil. Le he explicado concienzudamente mis razones, todas ellas, y, mientras yo hablo de la muerte, él no para de hablar sobre la vida…

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Inspirado en una historia real que conmocionó Reino Unido en 1968, El monstruo de Moss Side es un retrato alternativo a la vida de Mary Flora Bell, una niña que asesinó a dos menores y que terminó teniendo una nueva identidad tras ser indultada por sus crímenes en base a su evaluación psicológica.

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sábado, 12 de septiembre de 2020

Trailer Septiembre de 2020

 


Vídeo promocional de la "producción de este año".

domingo, 22 de abril de 2018

Taller literario Nº 25 (el éxito de sagas literarias)


En el post de hoy hablaremos de historias (novelas) que son un éxito por los distintos méritos que pueden convertir un texto en algo increíble, en algo que mueve masas porque tiene un ingrediente especial.



JUEGO DE TRONOS

El primer caso que se me viene a la cabeza es el de la saga Juego de Tronos. La literatura de aventuras de épica medieval siempre ha sido vista como “cosa de niños”. Las sagas literarias del género se proyectaban para el lector juvenil (y adulto), pero era obvio que, aunque en ella hubiese muertes y matanzas (no es lo mismo), mantenían, de todos modos, el mismo aire “inocente” de las películas de superhéroes (por poner un ejemplo). Dragones, hechizos, gigantes, bosques encantados, armaduras mágicas… y, generalmente, aventuras de un grupo de valientes muy variopinto que se desplaza de un confín a otro de un mundo plagado de lugares fantásticos y razas extraordinarias, quizá buscando el arma definitiva para derrotar al malo malísimo de turno.

En esencia, Juego de Tronos se ciñe relativamente a estos conceptos básicos del género. Es obvio que nadie escribiría aventuras de fantasía épica sin una gran guerra de por medio, como es imposible hacerlo sin un rey o reyes, sin un brujo, sin algunas bestias fantásticas…

¿En qué radica, pues, el extraordinario éxito de esta saga? La respuesta es que, aparte de que este autor (George R. R. Martin) sabe enredar la trama de forma sorprendente y que emplea unos diálogos muy ingeniosos, Juego de Tronos incorpora los ingredientes que habitualmente faltaban en este tipo de obras a fin de aproximar un poco más el auténtico medievo a la épica literaria de castillos y reinos. Si leemos un poco de historia enseguida nos daremos cuenta: conspiraciones, envenenamientos, emboscadas, traiciones, casamientos pactados… y ahora, palabrotas… sexo.

…Ya sabemos que también muere gente. La que sea. Eso innova mucho. Eso atrae a los lectores y, por otro lado, es muy realista, pues la vida misma (la de palacio en este caso) nunca ha tenido preferencia por nadie. De hecho, la obra se cimienta más en los excesos de la conducta humana que en los excesos de la magia y la fábula (pocos seres mitológicos, menos brujería, etc).

Ciertamente, así se crea tendencia. Ya le han salido imitadores. Y ojo, que la palabra imitar no es del todo justa. Si lo fuese, diríase con justicia que George R. R. Martin imita a Tolkien, lo cual no es cierto porque todos los autores, absolutamente todos (por no hablar de otro tipo de creadores o artistas) imitan, o más concretamente se inspiran en sus predecesores. Poco a poco, los géneros salen de su propio nicho y dejan de estar estancados en más de lo mismo. Cuando esto ocurre (te sales de la rutina), pues, tienes un best seller. Es el caso de Juego de Tronos, indudablemente. No lo olvides para tus siguientes trabajos.



HARRY POTTER

Esta obra literaria ha sido un verdadero bombazo por un motivo distinto al anterior. Las innovaciones son algo más relativas, y creo que la gran virtud de este increíble trabajo literario se basa en que ha nacido directamente como clásico. Teniendo en cuenta que, por naturaleza, muchas aventuras británicas traen de la mano ese aire añejo apenas por citar una calle inglesa, la saga de J. K. Rowling tiene la increíble virtud de transmitir la sensación de que su historia existe desde siempre, que no solo nos suena el estilo, sino hasta los personajes… como si los conociésemos de toda la vida. Creemos estar leyendo un libro de nuestra juventud, algo que ya nos es conocido. Incluso, que la saga Harry Potter es tan obvia en sí misma que no podría existir de ninguna otra manera.

De otro lado, no solo se escribió atemporal, sino con un carácter universal a la hora de elegir a sus lectores. Lo ha leído todo el mundo, despertando a muchos niños que muchos creíamos olvidados en nuestro interior.

Llegar a este nivel es un poco más complicado. Quizá es la obra cumbre que un autor solamente tendrá una vez en su vida, como parece estar ocurriendo con la señora Rowling (y espero, deseo, equivocarme).



SAGA CREPÚSCULO

Si bien es cierto que, con algo de perspectiva, esta aventura literaria (y cinematográfica, como es obvio en los tiempos que corren) es agua pasada a tenor de cierta gente que la detesta y, a estas alturas y ya pasada su fiebre, quizá hasta nos pueda parecer un poco ridícula, el bombazo crepúsculo tiene su origen en la innovación dentro del género de vampiros, en este caso haciendo una especie de Romeo y Julieta que no se queda como tal, sino que sugiere (intenta) una especie de círculo amoroso no solo entre el vampiro y la chica, sino que de por medio hay un hombre lobo que también se enamora de ella.

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Javier Ramírez

Innovaciones secundarias como el tratamiento que se da a los vampiros (no mueren a la luz del día, sino que brillan como con piel diamantes cuando se exponen al sol) no justifican para nada su éxito, pero aportan un dato curioso. Sí que, de todos modos, nos hallamos con los personajes perfectos para con la trama (nombres, personalidades, actitudes) y una vida de instituto (que da mucho juego). La novela romántica juvenil (o para adultos con personajes jóvenes) está despuntando hoy día, sobre todo en las que a amores más imposibles que nunca se refiere (romance paranormal, un género que parece haber nacido con esta saga a la que espero, algún día, se le reconozca ese mérito).



50 SOMBRAS DE GREY

Si bien estamos ante otra historia de caballero medieval versus princesa (un pretty woman de manual), ahora le metemos al asunto la afición del chico a los juegos eróticos, al supuesto sado, dominación, o lo que quiera que se llamen esas cosas. La chica, cuya personalidad es prácticamente calcada a la de la chica de Crespúsculo (aunque menos patosa) se “somete” al galán joven y atractivo, y sobrado de dinero.

La saga despertó sensualidades perdidas por ahí de los hogares, y reveló las fantasías de cama de muchos. Sí, las mujeres también estaban hambrientas de todo esto y esta saga ha relevado esta realidad… por otro lado, más lógica imposible.

El lado oscuro de todo esto, de todos modos, es el debate sobre si el personaje masculino ejerce machismo sobre ella. No en la cama, claro está, sino en la vida cotidiana; es un controlador. Hablamos de un libro ampliamente aceptado por el sector femenino, el que considera que Christian Grey, pese a todos sus defectos, sigue siendo un buen partido. Quizá hay detalles que cabría analizar en un estudio social, pero bueno, eso es para expertos en el tema; nosotros, desde el punto de la literatura, debemos quedarnos con las claves de su éxito.



viernes, 11 de agosto de 2017

Taller Literario nº24 Gabriel García Márquez (Cien años de soledad)

Hay escritores a los que, al analizarlos, podemos hacernos una idea de adónde va la literatura. Con otros, en cambio, apreciamos de dónde viene.

Gabriel García Márquez pasa del concepto de escritor al de literato. Hay una diferencia en ello. Una diferencia apreciable. “Cualquiera” vende, y es escritor… pero, literato, lo son muy pocos (igual, dentro de poco será más acertado usar en esta frase lo han sido, pues podríamos estar hablando de una especie en vías de extinción).

Meterse a poner peros a Cien años de soledad, por ejemplo y por tratarse de la obra que vamos a tratar en este post, sería un poco como echarse a las llamas. Vamos “a perder”. Te puede gustar más o gustar menos lo que escribió este autor, pero es obvio que la calidad literaria de sus textos es de primer orden. Cuando lo lees, García Márquez siempre te coge con la guardia baja, aun cuando creas que estás perfectamente pertrechado para que no te coja por sorpresa. Hay párrafos suyos que son irrepetibles, que vuelves a leerlos… directamente para aprender a escribir. Siguiendo esta pauta, leí de él partes de su biografía (que no tenían interés alguno para mí) solamente porque este autor trata de uno de estos maestros que puede estar contando obviedades o sucesos que nos importan un bledo pero que, enredado de su magia, te quedas con él porque vale la pena disfrutar, simple y llanamente, con su manera de interpretar la letra.

Ojo, que Cien años de soledad me decepcionó porque esperaba mucho más (ya sabemos, las expectativas por las nubes), y leyéndole se puede ser consciente de las caídas de ritmo o la sensación de ahogo de que el estilo se repite… pero, después de ser sincero con estas palabras, insisto en que se puede (y debe) aprender muchísimo de este autor. Y quizá, en el fondo, no haya escrito grandísimas historias… pero, ¡diablos, cómo las cuenta!

En concreto, y ya vamos a la materia que nos toca, este post sobre la obra que le dio El Premio Nobel a Gabito no trata de una crítica… sino de una contracrítica. Vamos a aprender a escribir, en este caso, cuestionando la severa y seguramente envidiosa crítica de otro autor sobre su libro estrella. Hablamos del despiadado análisis de otro escritor colombiano, Fernando Vallejo. Hablo de un ensayo propuesto para su publicación en 1998 para la revista El Malpensante. Y digo propuesto porque, según parece, nunca llegó a ser publicado.

Vamos allá.

En azul el original
En rojo las apreciaciones de Vallejo.
En negro mis conclusiones.

*  *  *

Vallejo: UN SIGLO DE SOLEDAD

Nota: la crítica empieza fuerte y con sorna, cambiando el título original de la obra. Ya sabemos que cien años es un siglo.

*  *  *

García Márquez: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

Fernando Vallejo: …Pero si no es después de la creación del mundo sino «después de aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo», entonces algo ahí sobra. O te sobra, Gabito, el «remota» pues ya está en «muchos años después», o te sobra el «muchos años después» pues ya está en el «remota».

Nota: La clave de esta frase está, obviamente, en la palabra “remota”. Es una palabra para hacer énfasis. Al añadirla acentuamos la sensación de que, realmente, el tiempo ha pasado más allá de una cuantía meramente numérica, y ya podemos hacernos una idea mucho más acertada de que ese momento parece más distante de lo que pueden contar los años. En mi opinión es una palabra acertada. Parece que fue ayer es otra frase recurrente para relativizar lo que significa el paso de los años, más o menos “cuantiosos” (aun siendo la misma cantidad de años) dependiendo de lo que hayan significado para quien los interpreta. Remota, simplemente, añade “lejanía” a esos años. 

*  *  *

Fernando Vallejo: …Ibas pensando en Rubén Darío, en su autobiografía, en la que el poeta nicaragüense, muerto en 1916, cuenta que su tío abuelo político, el coronel Félix Ramírez, esposo de su tía abuela doña Bernarda Sarmiento, lo lleva a conocer el hielo: «Por él aprendí pocos años más tarde a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia». ¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense! ¡Y con semejante frase tan fea! Y no sólo te robó el hielo y el grado de coronel, sino hasta la expresión genial tuya de «muchos años después», pues el «pocos años más tarde» de ese sinvergüenza ¿no viene a ser lo mismo, aunque al revés? Y después dicen que los colombianos somos ladrones. ¡Ladrones los nicaragüenses! Cuando te acusen de plagio me llamás a mí, Gabito, yo te defiendo.

Nota: Pongo en conocimiento del lector que Fernando Vallejo acusa a García Márquez de plagio porque, para esta primera frase del libro, el autor comenta que se le ocurrió esta “entrada” cuando viajaba para México en carretera… cuando, según Vallejo, está plagiando a un autor muy anterior. En mi opinión, y no es por defender a toda costa a uno de mis autores favoritos, ni la frase es tan magistral como para que García Márquez la haya distinguido con una anécdota (y mucho menos como para que la prensa se intrigue en ello) ni las coincidencias con la letra del poeta nicaragüense son definitivas. Todos tenemos derecho a plagiarnos los unos a los otros en pequeños matices. El mundo está lleno de coroneles, de “años después” y de hielos de toda clase. Todo cuanto escribimos tiene una similitud considerable con otros escritos porque la letra no sólo es finita, sino que, encima, los seres humanos vivimos las mismas cosas una y otra vez. Incluso a conciencia, “copiar” un poco no adquiere al grado de plagio… cuando, casi con toda seguridad, inspirarse en una frase que te puede estar dando vueltas en la cabeza, y que no sabes a ciencia cierta si es tuya o la has leído en alguna parte, es cosa normal. Por último, Cien años de soledad  hubiera tenido el mismo éxito con o sin esa frase de apertura.

*  *  *

García Márquez: «Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos».

Vallejo: ¿Huevos prehistóricos? ¡Prehistóricos serán los tuyos, güevón! No hay huevos «prehistóricos». Los huevos son del Triásico y del Jurásico, o sea de hace doscientos millones de años, cuando los pusieron los dinosaurios, y nada tienen que ver con la prehistoria, que es de hace diez mil o veinte mil.

Nota: quizá, este haya sido el comentario de Vallejo que me ha llamado a hacer la contracrítica. Al leerle esto he pensado algo así como (y con o sin perdón) menuda gilipollez. Todo el relativo valor crítico de Vallejo se deshace aquí en una pataleta sin argumento. Usar huevos prehistóricos es más que correcto. La literatura creativa, sobre todo en el versatilísimo español, nos permite jugar con lo que en otras materias es correcto o incorrecto. Esto no es un libro de ciencias. Ya sabemos que La Prehistoria (con mayúscula y en el caso de que Márquez la hubiese referido así) es un período posterior a los huevos de dinosaurio y, de hecho, no existían huevos así en La Prehistoria. Sin embargo, en la literatura que nos toca se hace mención no a un período concreto, sino a la perspectiva imaginaria que todos los lectores de a pie (sin envidias desbocadas) suponemos como de la muy confusa y enmarañada época en que vivieron esos dichosos reptiles gigantes (si es que me van a apuntillar ahora a mí si eran o no reptiles o dinosaurios, que creo que es distinto). No hay lugar a la crítica en este párrafo. Es pasarse de listo. En todo caso, los huevos de dinosaurios son y serán siempre prehistóricos, porque es obvio que es inequívocamente prehistórico todo cuanto existió antes de la historia del hombre.

*  *  *

García Márquez: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo».
 
Vallejo: ¿no se te hace que se te fue un poquito la mano con eso de que muchas cosas carecían de nombre y que para mencionarlas había que señalarlas con el dedo?

Nota: Vallejo manipula aquí al receptor de su crítica y trata de literalizar otra vez el texto. Cierto que quizá hubiese sido más acertado escribir “…y para referirse a ellas había que señalarlas con el dedo”… pero bueno, ya sabemos que este texto es literatura muy creativa y muy flexible. Y sí, que si señalas con el dedo porque no sabes mencionar una cosa se supone que, aun así, no la puedes mencionar sino sólo señalarla… pero apostaría a que esta parte está escrita adrede y denota mucho la descomplicación colombiana (tan de mi conocimiento y admiración). Tampoco creo que mencionar, aquí, tenga la misma connotación que, literalmente, el verbo mencionar. Quizá faltaría poner la palabra entre comillas, o algo así… pero, apuntillarlo como error literario, ya digo, está fuera de la enorme flexibilidad que puede permitirse este tipo de literatura.

*  *  *

Y bueno, hasta aquí lo literariamente relevante de este caso. Lo que sigue, del argumento de Vallejo, son juegos fáciles de palabras y alguna crítica al izquierdismo yo diría que revolucionario de los ideales políticos de García-Márquez (que, reitero, no tienen relevancia aquí).
Mi conclusión es que, para trabajar el texto ajeno, hay que tener detrás una solidez argumental. De no ser así se caerá en la misma mediocridad que estamos intentando desmerecer. Hasta ahora, en este blog, he dado mi opinión como lector… usando mis herramientas de escritor, y ya he explicado los motivos de por qué se corrigen/sugieren mejoras a primeros capítulos de grandes obras de calle. He dado mis impresiones como “cliente” y he tratado de compartir lo que creo que es más correcto para la letra. Conozco mis debilidades y jamás debería ser yo quien corrigiese mis textos (me encantaría que de eso se encargasen otros, porque es una lata hacerlo y, además, no tengo aptitudes para hacerlo), pero, desde luego, se me caería la cara de vergüenza si tuviese que hacerme oír (leer) a través de una pataleta de esta magnitud.

Taller literario nº23 Harry Potter y La Piedra Filosofal

Si han leído post anteriores en este blog (y, vista la tendencia, sobre todo si siguen leyendo este espacio y los nuevos talleres literarios que van y vienen en él), estoy seguro de que el lector estará empezando a amasar sobre mi persona la imagen de un cascarrabias. “Este tipo pone verde todo lo escrito”… y eso no está bien.
Pero… claro, en este blog trato de sacar una conjetura racional de las cosas que en él se tratan. De los textos, se entiende. No voy a darle el lado positivo a nada que, desde mi humilde oficio a las letras, no aporte la calidad necesaria. Es decir, para dejarlo zanjado, sin importar el origen y ni qué signifique un texto a través de su repercusión o a tenor de la talla de su creador, éste va a ser imparcialmente analizado (analizamos primeros capítulos de textos “de primera línea”, sin más partidismo que la calidad literaria).

Hoy, para cambiar la tendencia digamos… áspera (hemos analizado a grandes como Pérez-Reverte o Juan Manuel dePrada), vamos a trabajar en el más sorprendente best seller de los últimos tiempos (creo que de todos los tiempos, me atrevería a decir). Una señora británica sin futuro (a su juicio), depresiva, sin aparentes salidas, arrojada casi al suicidio, escribe una novela para niños que muchos editores soslayan… hasta, como ocurre con muchas otras novelas hasta ahora inadvertidas, los cauces de la fortuna (debidamente alimentados de un talento adecuado ya plasmado en el trabajo escrito) logran que la obra en concreto se convierta en un bombazo.

Y, ahora sí, digo cambiar la tendencia porque, como ya es rutinario, quiero analizar el primer capítulo de Harry Potter y La Piedra Filosofal… pero, tras leerlo por encima, no lo hago. No lo voy a hacer. No hay nada que objetar sobre este texto.

El manuscrito empieza con los señores Dursley, los cuales ya los conocemos de otros personajes similares, como la familia superficial que todos hemos leído antes. El papá sólo piensa en los negocios, la mamá en chismorreos, el niño es una lata… En los primeros compases de la lectura ya casi adivinamos lo que viene en el párrafo siguiente… pero da igual. No voy a caer en el vacío de criticar estos aspectos en esta novela porque es un cuento para niños (y adultos), y prefiero quedarme con la parte escrita, la parte formal. Y la voy a usar para callarle la boca a ciertos críticos que he leído, los que han escrito de la saga de Hogwarts que es una papatanada.  

Sí, señores míos, es una papatanada… pero los tiempos en la lectura, el nivel de fluidez, la interpretación que puede hacer el lector del escrito, incluso las tan confusas comas (sí, un problema naturalizado hoy día en muchísimos escritores) están todas en su sitio. El libro, dentro de que no pretende innovaciones literarias, es mucho más correcto que muchos grandes premios editoriales de las grandes firmas. Porque, comprarse el último Planeta y toparse con toda clase de barullos, ambigüedades y hasta erratas, amén de las comas, sí que es, señores míos, una papatanada de las gordas. Quizá, muchos de los que se dedican a esto de las letras deberían leerse el harry potter y aprender un poquito de los requerimientos mínimos (sí, como si hablásemos de una APP de un móvil que quisiésemos instalar en nuestro teléfono) para tener derecho a poner un libro en la calle.

Harry Potter (libro) está genial. Yo sólo había visto las películas (sobre todo las de cuando los protagonistas son niños) y, ahora que he pasado a leer el primero de los capítulos de su saga, veo que todo cuanto llega a mis ojos no sólo me es acertado, sino hasta familiar. A Harry es casi como si lo conociésemos de toda la vida. Es… como una evolución lógica de todo lo que interpretamos como puramente británico. Y yo, la verdad, ni esperaba más, ni espera menos… pero, aquí, lo que importa, es que el texto no puede ser mejorado (te puedes gustar o no esta historia, pero, a nivel escrito, es correcto).

Mi crítica continúa alegando que este libro, como ya sabemos, es inglés. Alguien lo convirtió a nuestro idioma… y lo dejó mejor que muchas obras escritas directamente en español. Y debo citar a esa persona, ahora que no sólo cambiamos la tendencia de criticar/sugerir mejoras para admitir dejar un texto sin tocar, sino que alabamos el trabajo y talento de alguien “en la sombra” que no ha escrito Harry Potter… pero que algo de literatura sabrá para hacer de su traducción algo literariamente correcto. Buscando un poco (esta persona está en los créditos del libro en español) veo que se trata de una mujer, de Alicia Dellepiane Rawson. Y creo que es genial haberle encargado este trabajo a una mujer. De mujer a mujer, y porque imagino que algo de creatividad y sensibilidad femenina hay que tener para conectar con la autora y luego reconvertir una novela de un idioma a otro no con el mismo ingenio, sino con un ingenio que podríamos calificar de equivalente (no sé nada de traducción, pero, viviendo en Inglaterra, ahora sé que pasar texto de un idioma a otro no es algo tan literal como parece).

La traductora, pues, tiene mi enhorabuena.

Luego… ¿qué está pasando? ¿Escribimos peor los propios españoles que los traductores (supongo que españoles también) de los libros ingleses? Tenemos entre manos un idioma magnífico para escribir. La profundidad con la que se pueden transmitir sensaciones, usándolo bien, es enorme. Un escritor de hoy, a mi modo de ver, debería tener mucho más claro el uso de todas las herramientas que le brinda nuestro lenguaje y, como mínimo, hacer un trabajo equiparable a esta papatanada inglesa. Y, sin embargo, este blog no sólo existe… sino que, por lo que veo, tiene mucho trabajo por delante. 

PD: No sé si existe la palabra papatanada, pero para eso está en cursiva. No lo pienso buscar en la RAE. Simplemente me sale en el archivo de mi cabeza y, de ahí, al teclado (es otra de las grandes bazas de la enormidad creativa y evolutiva de nuestra gran lengua).