domingo, 22 de abril de 2018

Taller literario Nº 25 (el éxito de sagas literarias)


En el post de hoy hablaremos de historias (novelas) que son un éxito por los distintos méritos que pueden convertir un texto en algo increíble, en algo que mueve masas porque tiene un ingrediente especial.



JUEGO DE TRONOS

El primer caso que se me viene a la cabeza es el de la saga Juego de Tronos. La literatura de aventuras de épica medieval siempre ha sido vista como “cosa de niños”. Las sagas literarias del género se proyectaban para el lector juvenil (y adulto), pero era obvio que, aunque en ella hubiese muertes y matanzas (no es lo mismo), mantenían, de todos modos, el mismo aire “inocente” de las películas de superhéroes (por poner un ejemplo). Dragones, hechizos, gigantes, bosques encantados, armaduras mágicas… y, generalmente, aventuras de un grupo de valientes muy variopinto que se desplaza de un confín a otro de un mundo plagado de lugares fantásticos y razas extraordinarias, quizá buscando el arma definitiva para derrotar al malo malísimo de turno.

En esencia, Juego de Tronos se ciñe relativamente a estos conceptos básicos del género. Es obvio que nadie escribiría aventuras de fantasía épica sin una gran guerra de por medio, como es imposible hacerlo sin un rey o reyes, sin un brujo, sin algunas bestias fantásticas…

¿En qué radica, pues, el extraordinario éxito de esta saga? La respuesta es que, aparte de que este autor (George R. R. Martin) sabe enredar la trama de forma sorprendente y que emplea unos diálogos muy ingeniosos, Juego de Tronos incorpora los ingredientes que habitualmente faltaban en este tipo de obras a fin de aproximar un poco más el auténtico medievo a la épica literaria de castillos y reinos. Si leemos un poco de historia enseguida nos daremos cuenta: conspiraciones, envenenamientos, emboscadas, traiciones, casamientos pactados… y ahora, palabrotas… sexo.

…Ya sabemos que también muere gente. La que sea. Eso innova mucho. Eso atrae a los lectores y, por otro lado, es muy realista, pues la vida misma (la de palacio en este caso) nunca ha tenido preferencia por nadie. De hecho, la obra se cimienta más en los excesos de la conducta humana que en los excesos de la magia y la fábula (pocos seres mitológicos, menos brujería, etc).

Ciertamente, así se crea tendencia. Ya le han salido imitadores. Y ojo, que la palabra imitar no es del todo justa. Si lo fuese, diríase con justicia que George R. R. Martin imita a Tolkien, lo cual no es cierto porque todos los autores, absolutamente todos (por no hablar de otro tipo de creadores o artistas) imitan, o más concretamente se inspiran en sus predecesores. Poco a poco, los géneros salen de su propio nicho y dejan de estar estancados en más de lo mismo. Cuando esto ocurre (te sales de la rutina), pues, tienes un best seller. Es el caso de Juego de Tronos, indudablemente. No lo olvides para tus siguientes trabajos.



HARRY POTTER

Esta obra literaria ha sido un verdadero bombazo por un motivo distinto al anterior. Las innovaciones son algo más relativas, y creo que la gran virtud de este increíble trabajo literario se basa en que ha nacido directamente como clásico. Teniendo en cuenta que, por naturaleza, muchas aventuras británicas traen de la mano ese aire añejo apenas por citar una calle inglesa, la saga de J. K. Rowling tiene la increíble virtud de transmitir la sensación de que su historia existe desde siempre, que no solo nos suena el estilo, sino hasta los personajes… como si los conociésemos de toda la vida. Creemos estar leyendo un libro de nuestra juventud, algo que ya nos es conocido. Incluso, que la saga Harry Potter es tan obvia en sí misma que no podría existir de ninguna otra manera.

De otro lado, no solo se escribió atemporal, sino con un carácter universal a la hora de elegir a sus lectores. Lo ha leído todo el mundo, despertando a muchos niños que muchos creíamos olvidados en nuestro interior.

Llegar a este nivel es un poco más complicado. Quizá es la obra cumbre que un autor solamente tendrá una vez en su vida, como parece estar ocurriendo con la señora Rowling (y espero, deseo, equivocarme).



SAGA CREPÚSCULO

Si bien es cierto que, con algo de perspectiva, esta aventura literaria (y cinematográfica, como es obvio en los tiempos que corren) es agua pasada a tenor de cierta gente que la detesta y, a estas alturas y ya pasada su fiebre, quizá hasta nos pueda parecer un poco ridícula, el bombazo crepúsculo tiene su origen en la innovación dentro del género de vampiros, en este caso haciendo una especie de Romeo y Julieta que no se queda como tal, sino que sugiere (intenta) una especie de círculo amoroso no solo entre el vampiro y la chica, sino que de por medio hay un hombre lobo que también se enamora de ella.

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Javier Ramírez

Innovaciones secundarias como el tratamiento que se da a los vampiros (no mueren a la luz del día, sino que brillan como con piel diamantes cuando se exponen al sol) no justifican para nada su éxito, pero aportan un dato curioso. Sí que, de todos modos, nos hallamos con los personajes perfectos para con la trama (nombres, personalidades, actitudes) y una vida de instituto (que da mucho juego). La novela romántica juvenil (o para adultos con personajes jóvenes) está despuntando hoy día, sobre todo en las que a amores más imposibles que nunca se refiere (romance paranormal, un género que parece haber nacido con esta saga a la que espero, algún día, se le reconozca ese mérito).



50 SOMBRAS DE GREY

Si bien estamos ante otra historia de caballero medieval versus princesa (un pretty woman de manual), ahora le metemos al asunto la afición del chico a los juegos eróticos, al supuesto sado, dominación, o lo que quiera que se llamen esas cosas. La chica, cuya personalidad es prácticamente calcada a la de la chica de Crespúsculo (aunque menos patosa) se “somete” al galán joven y atractivo, y sobrado de dinero.

La saga despertó sensualidades perdidas por ahí de los hogares, y reveló las fantasías de cama de muchos. Sí, las mujeres también estaban hambrientas de todo esto y esta saga ha relevado esta realidad… por otro lado, más lógica imposible.

El lado oscuro de todo esto, de todos modos, es el debate sobre si el personaje masculino ejerce machismo sobre ella. No en la cama, claro está, sino en la vida cotidiana; es un controlador. Hablamos de un libro ampliamente aceptado por el sector femenino, el que considera que Christian Grey, pese a todos sus defectos, sigue siendo un buen partido. Quizá hay detalles que cabría analizar en un estudio social, pero bueno, eso es para expertos en el tema; nosotros, desde el punto de la literatura, debemos quedarnos con las claves de su éxito.



viernes, 11 de agosto de 2017

Taller Literario nº24 Gabriel García Márquez (Cien años de soledad)

Hay escritores a los que, al analizarlos, podemos hacernos una idea de adónde va la literatura. Con otros, en cambio, apreciamos de dónde viene.

Gabriel García Márquez pasa del concepto de escritor al de literato. Hay una diferencia en ello. Una diferencia apreciable. “Cualquiera” vende, y es escritor… pero, literato, lo son muy pocos (igual, dentro de poco será más acertado usar en esta frase lo han sido, pues podríamos estar hablando de una especie en vías de extinción).

Meterse a poner peros a Cien años de soledad, por ejemplo y por tratarse de la obra que vamos a tratar en este post, sería un poco como echarse a las llamas. Vamos “a perder”. Te puede gustar más o gustar menos lo que escribió este autor, pero es obvio que la calidad literaria de sus textos es de primer orden. Cuando lo lees, García Márquez siempre te coge con la guardia baja, aun cuando creas que estás perfectamente pertrechado para que no te coja por sorpresa. Hay párrafos suyos que son irrepetibles, que vuelves a leerlos… directamente para aprender a escribir. Siguiendo esta pauta, leí de él partes de su biografía (que no tenían interés alguno para mí) solamente porque este autor trata de uno de estos maestros que puede estar contando obviedades o sucesos que nos importan un bledo pero que, enredado de su magia, te quedas con él porque vale la pena disfrutar, simple y llanamente, con su manera de interpretar la letra.

Ojo, que Cien años de soledad me decepcionó porque esperaba mucho más (ya sabemos, las expectativas por las nubes), y leyéndole se puede ser consciente de las caídas de ritmo o la sensación de ahogo de que el estilo se repite… pero, después de ser sincero con estas palabras, insisto en que se puede (y debe) aprender muchísimo de este autor. Y quizá, en el fondo, no haya escrito grandísimas historias… pero, ¡diablos, cómo las cuenta!

En concreto, y ya vamos a la materia que nos toca, este post sobre la obra que le dio El Premio Nobel a Gabito no trata de una crítica… sino de una contracrítica. Vamos a aprender a escribir, en este caso, cuestionando la severa y seguramente envidiosa crítica de otro autor sobre su libro estrella. Hablamos del despiadado análisis de otro escritor colombiano, Fernando Vallejo. Hablo de un ensayo propuesto para su publicación en 1998 para la revista El Malpensante. Y digo propuesto porque, según parece, nunca llegó a ser publicado.

Vamos allá.

En azul el original
En rojo las apreciaciones de Vallejo.
En negro mis conclusiones.

*  *  *

Vallejo: UN SIGLO DE SOLEDAD

Nota: la crítica empieza fuerte y con sorna, cambiando el título original de la obra. Ya sabemos que cien años es un siglo.

*  *  *

García Márquez: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

Fernando Vallejo: …Pero si no es después de la creación del mundo sino «después de aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo», entonces algo ahí sobra. O te sobra, Gabito, el «remota» pues ya está en «muchos años después», o te sobra el «muchos años después» pues ya está en el «remota».

Nota: La clave de esta frase está, obviamente, en la palabra “remota”. Es una palabra para hacer énfasis. Al añadirla acentuamos la sensación de que, realmente, el tiempo ha pasado más allá de una cuantía meramente numérica, y ya podemos hacernos una idea mucho más acertada de que ese momento parece más distante de lo que pueden contar los años. En mi opinión es una palabra acertada. Parece que fue ayer es otra frase recurrente para relativizar lo que significa el paso de los años, más o menos “cuantiosos” (aun siendo la misma cantidad de años) dependiendo de lo que hayan significado para quien los interpreta. Remota, simplemente, añade “lejanía” a esos años. 

*  *  *

Fernando Vallejo: …Ibas pensando en Rubén Darío, en su autobiografía, en la que el poeta nicaragüense, muerto en 1916, cuenta que su tío abuelo político, el coronel Félix Ramírez, esposo de su tía abuela doña Bernarda Sarmiento, lo lleva a conocer el hielo: «Por él aprendí pocos años más tarde a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia». ¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense! ¡Y con semejante frase tan fea! Y no sólo te robó el hielo y el grado de coronel, sino hasta la expresión genial tuya de «muchos años después», pues el «pocos años más tarde» de ese sinvergüenza ¿no viene a ser lo mismo, aunque al revés? Y después dicen que los colombianos somos ladrones. ¡Ladrones los nicaragüenses! Cuando te acusen de plagio me llamás a mí, Gabito, yo te defiendo.

Nota: Pongo en conocimiento del lector que Fernando Vallejo acusa a García Márquez de plagio porque, para esta primera frase del libro, el autor comenta que se le ocurrió esta “entrada” cuando viajaba para México en carretera… cuando, según Vallejo, está plagiando a un autor muy anterior. En mi opinión, y no es por defender a toda costa a uno de mis autores favoritos, ni la frase es tan magistral como para que García Márquez la haya distinguido con una anécdota (y mucho menos como para que la prensa se intrigue en ello) ni las coincidencias con la letra del poeta nicaragüense son definitivas. Todos tenemos derecho a plagiarnos los unos a los otros en pequeños matices. El mundo está lleno de coroneles, de “años después” y de hielos de toda clase. Todo cuanto escribimos tiene una similitud considerable con otros escritos porque la letra no sólo es finita, sino que, encima, los seres humanos vivimos las mismas cosas una y otra vez. Incluso a conciencia, “copiar” un poco no adquiere al grado de plagio… cuando, casi con toda seguridad, inspirarse en una frase que te puede estar dando vueltas en la cabeza, y que no sabes a ciencia cierta si es tuya o la has leído en alguna parte, es cosa normal. Por último, Cien años de soledad  hubiera tenido el mismo éxito con o sin esa frase de apertura.

*  *  *

García Márquez: «Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos».

Vallejo: ¿Huevos prehistóricos? ¡Prehistóricos serán los tuyos, güevón! No hay huevos «prehistóricos». Los huevos son del Triásico y del Jurásico, o sea de hace doscientos millones de años, cuando los pusieron los dinosaurios, y nada tienen que ver con la prehistoria, que es de hace diez mil o veinte mil.

Nota: quizá, este haya sido el comentario de Vallejo que me ha llamado a hacer la contracrítica. Al leerle esto he pensado algo así como (y con o sin perdón) menuda gilipollez. Todo el relativo valor crítico de Vallejo se deshace aquí en una pataleta sin argumento. Usar huevos prehistóricos es más que correcto. La literatura creativa, sobre todo en el versatilísimo español, nos permite jugar con lo que en otras materias es correcto o incorrecto. Esto no es un libro de ciencias. Ya sabemos que La Prehistoria (con mayúscula y en el caso de que Márquez la hubiese referido así) es un período posterior a los huevos de dinosaurio y, de hecho, no existían huevos así en La Prehistoria. Sin embargo, en la literatura que nos toca se hace mención no a un período concreto, sino a la perspectiva imaginaria que todos los lectores de a pie (sin envidias desbocadas) suponemos como de la muy confusa y enmarañada época en que vivieron esos dichosos reptiles gigantes (si es que me van a apuntillar ahora a mí si eran o no reptiles o dinosaurios, que creo que es distinto). No hay lugar a la crítica en este párrafo. Es pasarse de listo. En todo caso, los huevos de dinosaurios son y serán siempre prehistóricos, porque es obvio que es inequívocamente prehistórico todo cuanto existió antes de la historia del hombre.

*  *  *

García Márquez: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo».
 
Vallejo: ¿no se te hace que se te fue un poquito la mano con eso de que muchas cosas carecían de nombre y que para mencionarlas había que señalarlas con el dedo?

Nota: Vallejo manipula aquí al receptor de su crítica y trata de literalizar otra vez el texto. Cierto que quizá hubiese sido más acertado escribir “…y para referirse a ellas había que señalarlas con el dedo”… pero bueno, ya sabemos que este texto es literatura muy creativa y muy flexible. Y sí, que si señalas con el dedo porque no sabes mencionar una cosa se supone que, aun así, no la puedes mencionar sino sólo señalarla… pero apostaría a que esta parte está escrita adrede y denota mucho la descomplicación colombiana (tan de mi conocimiento y admiración). Tampoco creo que mencionar, aquí, tenga la misma connotación que, literalmente, el verbo mencionar. Quizá faltaría poner la palabra entre comillas, o algo así… pero, apuntillarlo como error literario, ya digo, está fuera de la enorme flexibilidad que puede permitirse este tipo de literatura.

*  *  *

Y bueno, hasta aquí lo literariamente relevante de este caso. Lo que sigue, del argumento de Vallejo, son juegos fáciles de palabras y alguna crítica al izquierdismo yo diría que revolucionario de los ideales políticos de García-Márquez (que, reitero, no tienen relevancia aquí).
Mi conclusión es que, para trabajar el texto ajeno, hay que tener detrás una solidez argumental. De no ser así se caerá en la misma mediocridad que estamos intentando desmerecer. Hasta ahora, en este blog, he dado mi opinión como lector… usando mis herramientas de escritor, y ya he explicado los motivos de por qué se corrigen/sugieren mejoras a primeros capítulos de grandes obras de calle. He dado mis impresiones como “cliente” y he tratado de compartir lo que creo que es más correcto para la letra. Conozco mis debilidades y jamás debería ser yo quien corrigiese mis textos (me encantaría que de eso se encargasen otros, porque es una lata hacerlo y, además, no tengo aptitudes para hacerlo), pero, desde luego, se me caería la cara de vergüenza si tuviese que hacerme oír (leer) a través de una pataleta de esta magnitud.

Taller literario nº23 Harry Potter y La Piedra Filosofal

Si han leído post anteriores en este blog (y, vista la tendencia, sobre todo si siguen leyendo este espacio y los nuevos talleres literarios que van y vienen en él), estoy seguro de que el lector estará empezando a amasar sobre mi persona la imagen de un cascarrabias. “Este tipo pone verde todo lo escrito”… y eso no está bien.
Pero… claro, en este blog trato de sacar una conjetura racional de las cosas que en él se tratan. De los textos, se entiende. No voy a darle el lado positivo a nada que, desde mi humilde oficio a las letras, no aporte la calidad necesaria. Es decir, para dejarlo zanjado, sin importar el origen y ni qué signifique un texto a través de su repercusión o a tenor de la talla de su creador, éste va a ser imparcialmente analizado (analizamos primeros capítulos de textos “de primera línea”, sin más partidismo que la calidad literaria).

Hoy, para cambiar la tendencia digamos… áspera (hemos analizado a grandes como Pérez-Reverte o Juan Manuel dePrada), vamos a trabajar en el más sorprendente best seller de los últimos tiempos (creo que de todos los tiempos, me atrevería a decir). Una señora británica sin futuro (a su juicio), depresiva, sin aparentes salidas, arrojada casi al suicidio, escribe una novela para niños que muchos editores soslayan… hasta, como ocurre con muchas otras novelas hasta ahora inadvertidas, los cauces de la fortuna (debidamente alimentados de un talento adecuado ya plasmado en el trabajo escrito) logran que la obra en concreto se convierta en un bombazo.

Y, ahora sí, digo cambiar la tendencia porque, como ya es rutinario, quiero analizar el primer capítulo de Harry Potter y La Piedra Filosofal… pero, tras leerlo por encima, no lo hago. No lo voy a hacer. No hay nada que objetar sobre este texto.

El manuscrito empieza con los señores Dursley, los cuales ya los conocemos de otros personajes similares, como la familia superficial que todos hemos leído antes. El papá sólo piensa en los negocios, la mamá en chismorreos, el niño es una lata… En los primeros compases de la lectura ya casi adivinamos lo que viene en el párrafo siguiente… pero da igual. No voy a caer en el vacío de criticar estos aspectos en esta novela porque es un cuento para niños (y adultos), y prefiero quedarme con la parte escrita, la parte formal. Y la voy a usar para callarle la boca a ciertos críticos que he leído, los que han escrito de la saga de Hogwarts que es una papatanada.  

Sí, señores míos, es una papatanada… pero los tiempos en la lectura, el nivel de fluidez, la interpretación que puede hacer el lector del escrito, incluso las tan confusas comas (sí, un problema naturalizado hoy día en muchísimos escritores) están todas en su sitio. El libro, dentro de que no pretende innovaciones literarias, es mucho más correcto que muchos grandes premios editoriales de las grandes firmas. Porque, comprarse el último Planeta y toparse con toda clase de barullos, ambigüedades y hasta erratas, amén de las comas, sí que es, señores míos, una papatanada de las gordas. Quizá, muchos de los que se dedican a esto de las letras deberían leerse el harry potter y aprender un poquito de los requerimientos mínimos (sí, como si hablásemos de una APP de un móvil que quisiésemos instalar en nuestro teléfono) para tener derecho a poner un libro en la calle.

Harry Potter (libro) está genial. Yo sólo había visto las películas (sobre todo las de cuando los protagonistas son niños) y, ahora que he pasado a leer el primero de los capítulos de su saga, veo que todo cuanto llega a mis ojos no sólo me es acertado, sino hasta familiar. A Harry es casi como si lo conociésemos de toda la vida. Es… como una evolución lógica de todo lo que interpretamos como puramente británico. Y yo, la verdad, ni esperaba más, ni espera menos… pero, aquí, lo que importa, es que el texto no puede ser mejorado (te puedes gustar o no esta historia, pero, a nivel escrito, es correcto).

Mi crítica continúa alegando que este libro, como ya sabemos, es inglés. Alguien lo convirtió a nuestro idioma… y lo dejó mejor que muchas obras escritas directamente en español. Y debo citar a esa persona, ahora que no sólo cambiamos la tendencia de criticar/sugerir mejoras para admitir dejar un texto sin tocar, sino que alabamos el trabajo y talento de alguien “en la sombra” que no ha escrito Harry Potter… pero que algo de literatura sabrá para hacer de su traducción algo literariamente correcto. Buscando un poco (esta persona está en los créditos del libro en español) veo que se trata de una mujer, de Alicia Dellepiane Rawson. Y creo que es genial haberle encargado este trabajo a una mujer. De mujer a mujer, y porque imagino que algo de creatividad y sensibilidad femenina hay que tener para conectar con la autora y luego reconvertir una novela de un idioma a otro no con el mismo ingenio, sino con un ingenio que podríamos calificar de equivalente (no sé nada de traducción, pero, viviendo en Inglaterra, ahora sé que pasar texto de un idioma a otro no es algo tan literal como parece).

La traductora, pues, tiene mi enhorabuena.

Luego… ¿qué está pasando? ¿Escribimos peor los propios españoles que los traductores (supongo que españoles también) de los libros ingleses? Tenemos entre manos un idioma magnífico para escribir. La profundidad con la que se pueden transmitir sensaciones, usándolo bien, es enorme. Un escritor de hoy, a mi modo de ver, debería tener mucho más claro el uso de todas las herramientas que le brinda nuestro lenguaje y, como mínimo, hacer un trabajo equiparable a esta papatanada inglesa. Y, sin embargo, este blog no sólo existe… sino que, por lo que veo, tiene mucho trabajo por delante. 

PD: No sé si existe la palabra papatanada, pero para eso está en cursiva. No lo pienso buscar en la RAE. Simplemente me sale en el archivo de mi cabeza y, de ahí, al teclado (es otra de las grandes bazas de la enormidad creativa y evolutiva de nuestra gran lengua).

miércoles, 21 de junio de 2017

Taller Literario nº22 Falcó, de Arturo Pérez-Reverte

En este mismo blog ya hemos analizado un trabajo de este escritor, de Arturo Pérez-Reverte. La idea, ahora que han pasado unos cuantos años desde su bombazo llamado El Capitán Alatriste (primer capítulo analizado aquí), es poder comparar si el estilo o “la maña” literaria ha cambiado o si seguimos estando en poder de sugerir mejoras o fluidez a su texto actual. Para ello, Falcó, su último trabajo a la hora de hacer este post, va a ser nuestra cobaya.

Vamos allá:



ANÁLISIS INFORMAL DE
FALCÓ



ORIGINAL: La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase. Era la suya una conversación banal, intrascendente: la temporada en Biarritz, la última película de Clark Gable y Joan Crawford.

SUGERIDO: La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase. Era(,) la suya(,) (la suya era) una conversación banal, intrascendente: la temporada en Biarritz y la última película de Clark Gable y Joan Crawford.

NOTA: La mujer que iba a morir… yo hubiera dejado entre bambalinas esta información para que este hecho fuese una sorpresa. En cuanto a las conversaciones banales de la mujer, creo firmemente que esta enumeración (de dos temas mencionados) deben ir mediados con una i griega, no con comas. Yo sólo pondría comas con tres temas de conversación, incluso sin renunciar a la i griega.

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ORIGINAL: Tres vagones más adelante, la locomotora emitió un largo silbido, y el traqueteo de los bogies se intensificó cuando el expreso entró en una curva prolongada. Falcó miró el Patek Philippe en su muñeca izquierda. Faltaba un cuarto de hora para que el tren parase cinco minutos en la estación de Narbonne.

SUGERIDO: Tres vagones más adelante, la locomotora emitió un largo silbido (coma eliminada) y el traqueteo de los bogies se intensificó cuando el expreso entró en una curva prolongada. Falcó miró el Patek Philippe en su muñeca izquierda(;) faltaba un cuarto de hora para que el tren parase cinco minutos en la estación de Narbonne.


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ORIGINAL: Sin responder, Falcó encendió el pitillo y siguió camino hasta el final del vagón. Al llegar a la plataforma se volvió a mirar atrás, y vio que el individuo ya no estaba en el pasillo. Fumó apoyado en la puerta del lavabo, inmóvil junto al fuelle que unía el vagón con el siguiente, escuchando el traqueteo ensordecedor de las ruedas en las vías. En Salamanca, el Almirante había insistido mucho en que no fuera él quien resolviera la parte táctica del asunto. No queremos quemarte, ni arriesgar nada si algo sale mal, fue el dictamen. La orden. Esa mujer viaja de París a Barcelona, sin escolta. Limítate a dar con ella e identificarla, y luego quítate de en medio. Paquito Araña se encargará de lo demás. Ya sabes. A su manera sutil. A él se le da bien esa clase de cosas.

SUGERIDO: Sin responder, Falcó encendió el pitillo y siguió camino hasta el final del vagón. Al llegar a la plataforma se volvió a mirar atrás (coma eliminada) y vio que el individuo ya no estaba en el pasillo. Fumó apoyado en la puerta del lavabo, inmóvil junto al fuelle que unía el vagón con el siguiente, escuchando el traqueteo ensordecedor de las ruedas en las vías. En Salamanca, el Almirante había insistido mucho en que no fuera él quien resolviera la parte táctica del asunto; no queremos quemarte, ni arriesgar nada si algo sale mal, fue el dictamen. La orden. Esa mujer viaja de París a Barcelona, sin escolta. Limítate a dar con ella e identificarla, y luego quítate de en medio. Paquito Araña se encargará de lo demás. Ya sabes. A su manera sutil. A él se le da bien esa clase de cosas.

Nota: es importante hacer diferencia entre la narración y las frases de personajes (pasadas, presentes o futuras) para no liar al lector. Aquí las hemos puesto en cursiva.


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ORIGINAL: En cabeza del convoy, el jefe de estación balanceó el farol e hizo sonar un silbato. La locomotora dejó escapar un resoplido de vapor y se puso en marcha, arrastrando el tren. Para entonces Falcó ya entraba en el edificio, cruzaba el vestíbulo y salía a la calle, bajo el resplandor amarillento de las farolas que iluminaban un muro cubierto de carteles publicitarios y un automóvil Peugeot junto al bordillo un poco más allá de la parada de taxis, allí donde se suponía que debía estar. Se detuvo Falcó un momento, justo el tiempo necesario para que Araña lo alcanzase. No tuvo necesidad de volverse, pues le anunció la proximidad del otro su inconfundible olor a pomada capilar y agua de rosas.

SUGERIDO: En cabeza del convoy, el jefe de estación balanceó el farol e hizo sonar su  silbato. La locomotora dejó escapar un resoplido de vapor y se puso en marcha, arrastrando el tren. Para entonces Falcó ya entraba en el edificio, cruzaba el vestíbulo y salía a la calle, bajo el resplandor amarillento de las farolas que iluminaban un muro cubierto de carteles publicitarios y un automóvil Peugeot junto al bordillo un poco más allá de la parada de taxis, allí donde se suponía que debía estar. Falcó se detuvo un momento, justo el tiempo necesario para que Araña lo alcanzase; no tuvo necesidad de volverse, pues le anunció la proximidad del otro su inconfundible olor a pomada capilar y agua de rosas.
Nota: El jefe de estación toca su silbato porque no es un silbato ocasional. Es su silbato. Los jefes de estación suelen tocar el silbato reglamentario. Es algo natural y cotidiano de la época.

Nota: Todo este texto denota poca profundidad. Parece un guión de cine. Unimos la última frase para que el texto no quede tan monótono. ¿Qué carteles publicitarios? Ese auto… ¿estar ahí, por…? Aquí es donde hay que profundizar en los protocolos de actuación de estos ¿agentes secretos? y cuando hay que describir cuáles son las modas publicitarias del momento.

Nota: Falcó se detuvo un momento. Lo hemos invertido porque el texto no es tan romántico o literariamente profundo como para permitirse cambiar algunos órdenes, los que quedan más acordes a la línea general del trabajo si de dejan al estilo convencional.


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ORIGINAL: …al, que solía ser divertida, simpática, aunque con un rictus de dureza cruel que podía enturbiarla de modo inquietante; como si su propietario estuviese en presencia continua de una broma tragicómica…

SUGERIDO: …al, que solía ser divertida, simpática, aunque con un rictus de dureza cruel que podía llegar a enturbiarla de modo inquietante; como si su propietario estuviese en presencia continua de una broma tragicómica…


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ORIGINAL: A su espalda, al otro lado de la ventana, se alzaba la cúpula de la catedral de Salamanca más allá de las ramas, todavía desnudas, de los árboles de la plaza. Moviéndose en el contraluz, el jefe del SNIO —Servicio Nacional de Información y Operaciones— fue hasta el gran mapa de la península que ocupaba media pared, junto a unos estantes con la enciclopedia Espasa y un retrato del Caudillo.

SUGERIDO: A su espalda, al otro lado de la ventana, más allá de las ramas todavía desnudas de los árboles de la plaza, se alzaba la cúpula de la catedral de Salamanca. Moviéndose en el contraluz, el jefe del SNIO —Servicio Nacional de Información y Operaciones— fue hasta el gran mapa de La Península que ocupaba media pared, junto a unos estantes con la enciclopedia Espasa y un retrato del Caudillo.

Nota: más allá de las ramas todavía desnudas de los árboles de la plaza. Hemos cambiado todo esto de orden para ganar en fluidez.

Nota: Creo que, si estamos hablando de La Península, debe ir en mayúsculas. No es una península cualquiera, un accidente geográfico casual en el mapa. Es “un mote”.

Nota: Aquí, en este análisis, no es apreciable, pero de repente pasamos de entrar dentro del coche a estar en un despacho. El cambio es tan visto y no visto que nos da por pensar que desde el coche se ve la catedral de Salamanca, o que el jefe de Falcó estaba en la estación, esperando en el auto. Aquí hay que añadir algo para evitar esto, pero no se ha hecho. Es luego que nos damos cuenta de la “teleportación” en el tiempo y en el espacio.


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ORIGINAL: Rió un poco el Almirante, oscuro y como para sí mismo, de su propia broma. Y es que a menudo, pensó Falcó, el humor de su jefe rondaba lo siniestro; y más desde que su único hijo, un joven alférez de navío, había sido asesinado a bordo del crucero Libertad con los otros oficiales, el 3 de agosto. Ese talante ácido y un punto macabro era su marca de la casa, incluso cuando mandaba a un agente del Grupo Lucero —operaciones especiales— a hacerse despellejar vivo en una checa, tras las líneas enemigas. Así tu viuda sabrá por fin dónde duermes, era capaz de decir, y otras bromas semejantes, que maldita la gracia tenían. Pero a esas alturas, con cuatro meses de guerra civil y una docena de agentes perdidos un poco por aquí y un poco por allá, aquel tono bronco y cínico se había convertido en estilo propio del servicio. Hasta las secretarias, los radioescuchas y los encriptadores lo imitaban. Además, le iba como un guante al jefe: gallego de Betanzos, flaco, menudo, con espeso pelo gris y un mostacho amarillento de nicotina que le cubría por completo el labio superior, el Almirante tenía la nariz grande, las cejas hirsutas y un ojo derecho —el izquierdo era de cristal— muy negro, severo y vivo, de extrema inteligencia, donde las palabras rojo o enemigo suscitaban siempre un tranquilo rencor. Descrito en corto, el responsable del núcleo duro del espionaje franquista era pequeño, listo, malhumorado y temible. En el cuartel general de Salamanca lo apodaban el Jabalí. Pero nunca en su cara.

SUGERIDO: Rió un poco el Almirante, oscuro y como para sí mismo, de su propia broma. Y es que(,) a menudo, pensó Falcó, el humor de su jefe rondaba lo siniestro; y más desde que su único hijo, un joven alférez de navío, había sido asesinado a bordo del crucero Libertad con los otros oficiales, el 3 de agosto. Ese talante ácido y un punto macabro era su marca de la casa, incluso cuando mandaba a un agente del Grupo Lucero —operaciones especiales— a hacerse despellejar vivo en una checa, tras las líneas enemigas. Así tu viuda sabrá por fin dónde duermes, era capaz de decir, así como otras bromas igual de ácidas, que maldita la gracia tenían. Pero(,) a esas alturas, con cuatro meses de guerra civil y una docena de agentes perdidos un poco por aquí y otro poco por allá, aquel tono bronco y cínico se había convertido en estilo propio del servicio. Hasta las secretarias, los radioescuchas y los encriptadores lo imitaban. Además, le iba como un guante al jefe: gallego de Betanzos, flaco, menudo, con espeso pelo gris y un mostacho amarillento de nicotina que le cubría por completo el labio superior. El Almirante tenía la nariz grande, las cejas hirsutas y un ojo derecho —el izquierdo era de cristal— muy negro, severo y vivo, de extrema inteligencia, donde las palabras rojo o enemigo suscitaban siempre un tranquilo rencor. Descrito en corto, el responsable del núcleo duro del espionaje franquista era pequeño, listo, malhumorado y temible. En el cuartel general de Salamanca lo apodaban El Jabalí(,) pero nunca en su cara.


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ORIGINAL: Aunque su jefe estaba de pie, Falcó seguía sentado. Eran viejos conocidos desde los tiempos en que el Almirante, entonces capitán de navío y agregado naval en Estambul, había organizado los servicios de información para la República en el Mediterráneo Oriental, poniéndolos luego a disposición del bando franquista al estallar la contienda civil. Los dos se habían encontrado por primera vez en Estambul, mucho antes de la guerra; en torno a un asunto de tráfico de armas destinadas al IRA irlandés, del que en ese momento Falcó actuaba como intermediario.

SUGERIDO: Aunque su jefe estaba de pie, Falcó seguía sentado. Eran viejos conocidos desde los tiempos en que el Almirante, entonces capitán de navío y agregado naval en Estambul, había organizado los servicios de información para la República en el Mediterráneo Oriental, poniéndolos luego a disposición del bando franquista al estallar la contienda civil. Los dos se habían encontrado por primera vez la ciudad turca, mucho antes de la guerra y en torno a un asunto de tráfico de armas destinadas al IRA irlandés, del que en ese momento Falcó actuaba como intermediario.

Nota: Evitando nombrar de nuevo Estambul ganamos fluidez (aunque parezca mentira o un detalle superfluo) y encima detallamos, para los despistados, dónde se encuentra esa urbe. Eso es matar dos pájaros de un tiro.

Nota: Los detalles enciclopédicos de la época parecen metidos con calzador. Se nombran, están ahí, pero no vienen demasiado a cuento… o deberían usarse para algo que valga la pena, no para hacer bulto wikipédico. En mi opinión, la información histórica tiene una valía enorme a la hora de enriquecer una historia, pero también la pueden ridiculizar un poco si su aparición no tiene la suficiente profundidad. Esto se entenderá mejor si recordamos la comparativa de un personaje de esta novela con el actor americano George Raft… nombrado en la historia absolutamente para nada porque no nos aporta información alguna.


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ORIGINAL: —Encontré algo para usted —dijo Falcó.
Mientras lo decía, sacó un sobre del bolsillo de la chaqueta y lo puso en la mesa, cerca del Almirante. Éste lo observaba, inquisitivo. El ojo de cristal era de un color ligeramente más claro que el auténtico, y eso daba a su mirada un extraño estrabismo bicolor que solía inquietar a sus interlocutores. Tras un instante, abrió el sobre y extrajo de él un sello de correos.

SUGERIDO: —Encontré algo para usted —dijo Falcó, mientras sacaba un sobre del bolsillo de la chaqueta para ponerlo sobre la mesa, al alcance del Almirante. Éste lo observó, inquisitivo. El ojo de cristal era de un color ligeramente más claro que el auténtico (coma eliminada) y eso daba a su mirada un extraño estrabismo bicolor que solía inquietar a sus interlocutores. Tras un instante, abrió el sobre y extrajo de él un sello de correos.


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FIN DEL ANÁLISIS


Damos por bueno el trabajo realizado sobre la novela.

Lamentablemente, la calidad literaria sigue siendo inferior a la esperada. Este segundo post es un análisis “doble” de un mismo autor en dos épocas distintas de su carrera literaria (los inicios y la cúspide). En este caso, el tiempo transcurrido no ha cambiado las cosas.

Antes de entrar en materia, antes de “trabajar” a uno de nuestros pesos pesados en la literatura en español de la época actual, pensaba que este autor escribía con más profundidad (menos robótico y más mítico), o que el asunto histórico en que se movía a través de sus novelas encerraba un bagaje histórico muy superior. Sé que escribir sobre las guerras de Flandes o La República Española (El Caudillo, La Segunda Gran Guerra, etc) añaden peso literario y nivel cultural a lo escrito, pero, al cabo, sucede que el material se usa, de acuerdo, pero entre perdido y de pasada (de relleno), mientras que la literatura que lo apelmaza todo es simplemente formal. Siempre pensé que la consideración que tenía el autor de viejo dinosaurio (o vieja guardia) de la gran literatura de antaño la iba a ver reflejada en sus textos, que aprenderíamos mucho, muchísimo, leyendo su trabajo. Pero no.

Aquí ocurre, además, un caso extraño, y es que, la imagen de casi caballero medieval que transmite este autor, su talante inequívocamente intelectual, no cuadra con su forma de escribir. Su escritura le rejuvenece. Y no sé si, para los trasuntos de quienes ya andamos añitos, esto pueda parecer un cumplido… (supongo que no), pero me imaginé de él una literatura envidiable, un trasfondo histórico que dejase la boca abierta y nada que objetar… pero ahora veo que todo, de arriba abajo, es fruto de la expectativa de quienes nos dejamos arrastrar por las apariencias (sí, yo también). Sí, su cariz de crítico de todo (desde su columna periodística), sus alegaciones de que España no lee y cosas por el estilo habían forjado en mí una imagen suya de auténtico adalid de las letras, algo así como el último de los últimos alquimistas de la página en blanco.

Y es que este blog es así. Aquí nadie es nadie. Ni siquiera yo, que me suelo destripar en privado.

Aquí hablamos de literatura, del producto de las personas… pero no de las personas en sí. Nada, únicamente el texto, debe influir en cada análisis.

Volviendo al escrito, y abarcándolo por otro derrotero literario, la primera escena del libro debió ser proyectada para tener un impacto mayor. Leemos hasta el despacho esperando que pase algo, pero se desperdicia la oportunidad de escribir para el gran público (joder, la audiencia que tiene este autor) con un episodio plano, apenas formal y rutinario. Una oportunidad de oro perdida. Luego, en la siguiente escena (ya estamos en el despacho) el jefe de Spiderman (o de Superman) actúa de oficio con el protagonista de la historia, que ha entrado a escena por la puerta pequeña y actuando exactamente tal como estaba pronosticado y como, en el fondo, no querríamos leer.

Ojo, estamos hablando del texto analizado. ¡Son las primeras páginas, por dios! (¡Carlos, trata de arrancarlo!) Recuerden que, teóricamente, si no rompes moldes en las primeras páginas de tus escritos jamás vas a impresionar a un jurado de un premio literario, o el representante de tu vida y luego el editor a quien éste tiene alcance, pues, ¡te van a desestimar!

Claro que… si no te hace falta romper moldes porque ya tienes tu audiencia de incondicionales… si ya tienes curtida una gran red de contactos del mundo literario… si tu imagen pública escribe por ti… escribes “de tradición” y esperas en casa los royalties.

Y lamento escribir ahora esto, pero, leyendo Falcó, se me activó un chip en la cabeza (sobre todo en la escena del despacho) en la que correteaban por ahí Mortadelo y Filemón. Y no quiero ser tan malvado, pero soy fiel seguidor del blog de crítica literaria Regina Irae (http://reginairae.blogspot.co.uk/2016/10/falco-de-arturo-perez-reverte.htmlhttp://reginairae.blogspot.co.uk/2016/10/falco-de-arturo-perez-reverte.html) donde se confirman mis temores: la crítica, de una lectora que suelo dar mucho crédito, habla de situaciones predecibles, clichés y una superficialidad generalizada en toda la novela.

Menudo panorama.


Por último (y ya acabo), vuelvo a insistir en que el proceso literario no acaba cuando el libro sale al mercado. El “otro lado” de la literatura es el lector… y, una de las ramas actuales (de moda o de lo que quieras) de esa otra parte del proceso se hace en Blogs de aficionados a la literatura que, desde la sombra, después de hacer sus vidas normales, escriben. Y opinan. Opinan de otra manera distinta a la natural: el gran público, de alguna manera, “opina” comprando o dejando de comprar títulos (si puede)… y otros, como los blogueros al caso, opinamos con artimañas parecidas a esta página.

Por cierto, puedes leer el análisis de El Capitán Alatriste aquí.


PD: Pido disculpas por la extraña conversión de la letra fuente (aquí unas y allá otras), pero el Blogger se ha vuelto loco. Debe ser un castigo divino o algo así.